Solben rompe paradigmas en la tecnología

Daniel López / Foto: Especial

Conoce a Daniel Gómez, ganador del Premio MIT en Innovación

Sacar adelante proyectos tecnológicos innovadores, de impacto social, requiere con frecuencia inscribirlos en incubadoras de negocios o tocar múltiples puertas para obtener capital. Los creadores de Solben, empresa mexicana de tecnología modular para la fabricación de biodiésel, tomaron la ruta más difícil: producir, vender y reinvertir por su propia cuenta.

En el 2008, sin conocimientos en administración o negocios, ni asesoría en el tema, los estudiantes Daniel Gómez, Antonio López, Guillermo Colunga y el boliviano Mauricio Pareja crearon y vendieron su primera planta productora de biodiésel a una universidad de Tabasco que, imposibilitada para comprar maquinaria importada o devolver los recursos concedidos por el Consejo Nacional para la Ciencia y la Tecnología (Conacyt), decide confiar en los jóvenes empresarios.

Con el dinero, Solben formalizó su estructura y sus dueños se impusieron cinco años de sequía de dividendos y de reinversión total de las utilidades. Cinco años después, lo que inició como un proyecto de preparatoria, es una empresa que ha roto paradigmas en México sobre la tecnología para producir biocombustibles, con un esquema integral de negocios, finanzas sanas, que se reestructura para competir en el mercado estadounidense y desarrollar su propio biodiésel.

Por esta razón, Daniel Gómez, fundador de Solben, fue reconocido por el Instituto Tecnológico de Massachusetts, con el premio al Innovador del Año en México Menor de 35 años, a través de la revista Technology Review en Español.

“Somos una empresa que su modelo se basó en la reinversión, más que en la búsqueda de fondos o inversionistas, lo que nos ha permitido controlar la visión de negocio que tenemos”, comenta Daniel Gómez Iñiguez, quien confía que el respaldo del MIT facilite la entrada de Solben al mercado estadounidense.

“Hemos demostrado que las empresas con impacto social son también altamente rentables, sin necesidad de estar dependiendo de patrocinios”, agrega.

El sistema "modular"

Egresado del Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM) en Ingeniería Química Administrativa, Daniel Gómez y sus socios fundaron Solben cuando éste tenía 17 años. Un año antes, el joven preparatoriano se debatía entre estudiar medicina o química, como tenía que entregar un trabajo final, decidió investigar sobre la producción de biodiésel y encuentra que éste se puede producir incluso en la cocina del hogar, que se usan materas primas alimenticias para su elaboración, y que no existía tecnología mexicana para ello.

El biodiesel es un combustible creado a partir de lípidos naturales, como aceites vegetales o grasas animales, mediante un proceso industrial, y que sirve como sustituto total o parcial del diésel derivado del petróleo.

“Era absurdo importar tecnología cuando los costos eran muy altos, los manuales estaban en otro idioma, o está el tema del mantenimiento, si la maquinaria se descomponía tenías que mandarla a Inglaterra u otro país para componerla, y ahí los productores perdían mucho dinero”, comenta.

Solben nació con el objetivo de desarrollar tecnología mexicana para la producción de biodiésel, pero a la vez, resolvió a los productores cuestiones logísticas como el almacenamiento de la materia prima o el biocombustible. La solución fue una tecnología adaptable a las necesidades del cliente, y de alta calidad.

Es lo que nosotros llamamos ‘modular’: si necesitas 1,000 o 2,000 litros de aceite hasta 20,000 litros, Solben te instala una planta no muy costosa –desde 600,000 a un millón 600,000 pesos- totalmente automatizada, que maximiza la inversión y garantiza el retorno en poco tiempo. Sólo hay que apretar el botón de inicio, poner el aceite en un tanque y del otro lado ya tienes biodiesel de alta calidad”.

Con el sistema modular, la planta de Solben se instala donde está la materia prima, lo que minimiza el costo logístico. “Patentamos este concepto, el trámite está en proceso, seguimos innovando y comenzamos a posicionarnos en el mercado mexicano con un modelo accesible y con tecnología 100% mexicana”.

Entres sus clientes se encuentran gobiernos estatales, universidades y el sector privado, en particular de la industria alimenticia. Diez de las 15 plantas para producir biodiésel que operan en el país, son de Solben, es decir, tecnología mexicana. “Le dimos un cambio completo a la industria”, subraya Daniel, quien es el responsable de la expansión de la empresa hacia Estados Unidos, donde hay 196 plantas.

El siguiente paso de Solben será pasar de facilitador de tecnología a productor de biodiésel. “Nos estamos reestructurando, en lugar de sólo vender plantas estamos instalando nuestra tecnología en México para producir biodiésel de Solben”.

La proyección es que, para este mes, la empresa mueva sus primeras pipas de biocombustible y para finalizar el año comercialice más de 500,000 litros mensuales. “Tenemos la proyección que para el 2018, México produzca 100 millones de litros de biodiésel al año, y que 50% de éste provenga de tecnología Solben.

EQUIPO JOVEN

Solben tiene su planta matriz en Nuevo León, de donde son originarios Daniel Gómez y Guillermo Colunga, quien cuenta con Maestría en Energías. Antonio López, oriundo de Morelos, es ingeniero en Mecatrónica y Mauricio Pareja es ingeniero físico industrial. Todos ellos ocupan cargos directivos en la empresa.

El resto del equipo, unas 15 personas, son practicantes y profesionistas, algunos con maestrías. “Somos muy conscientes de la preparación académica como el camino que fortalece el desarrollo de nuevas innovaciones”.

Finalmente, Daniel Gómez afirma que reinvertir para desarrollar y compartir el conocimiento son bases fundamentales para Solben, que en cuatro años ha impartido más de 200 conferencias y ha empoderado a más de 100,000 jóvenes de diferentes institutos y universidades del país.

CRÉDITO: 
Angélica Pineda