Una startup saludable que se volvió franquicia

Foto: Facebook / Fast Fruit Factory

Durante sus estudios universitarios, Elizabeth Aguirre detectó que no era fácil conseguir comida rápida sana para los estudiantes como ella. Ahí surgió su idea de un negocio de comida saludable: Fast Fruit Factory, con un amplio horario de servicio. Su apuesta era generar ganancias por volumen ya que creía que los clientes asistirían de forma frecuente gracias a los precios de sus productos.

El plus que ofrecía era el de un menú flexible donde los clientes podrían escoger sus bebidas y alimentos con los ingredientes de su preferencia. Con este concepto y una alianza con una nutrióloga que resolvería dudas básicas a través de Internet, inició operaciones.

En el 2010, cuando abrió su primera sucursal dentro del campus del Tecnológico de Monterrey en Puebla, se reformó la Ley General de Salud en México que buscaba erradicar la venta de comida chatarra en las escuelas para combatir la obesidad. La reforma le abrió las puertas a Aguirre en otras universidades de Puebla, como la de las Américas, la del Arte, la Anáhuac y el Tec Milenio.

Para que su negocio prosperara dentro, Aguirre debía buscar universidades que contaran con alumnos foráneos, ya que permanecían más tiempo en la escuela, además de tener un alto poder adquisitivo y horarios en los que les resultaba complicado acceder a otras opciones saludables.

Aunque el crecimiento fue rápido, Aguirre tuvo que cerrar dos sucursales porque no tomó en cuenta el número de alumnos y la cultura de los estudiantes respecto al consumo de los alimentos que ofrecía, como el queso de cabra. A partir de esta experiencia, y del crecimiento limitado dentro de las universidades, tomó la decisión de incursionar fuera de ellas.

Management

Tropicalizó el modelo, subdividió su marca y desarrolló Fast Fruit Factory City, un modelo de negocio diferente para atender a los clientes en centros comerciales, con las diferencias de precios más elevados y alimentos con más contenido de productos gourmet. A inicios del 2014, Fast Fruit Factory contaba con tres sucursales en universidades, una en un centro comercial, un centro de producción y 16 empleados en Puebla.

Aguirre consideraba que su creatividad y su capacidad de detectar las necesidades del mercado le habían permitido mejorar su empresa. Un ejemplo eran los productos que desarrolló, como los arándanos enchilados y los aderezos embotellados que empezaron a pedirle sus clientes.

La coordinación de personal potencó las habilidades de liderazgo de Aguirre: motivar a los empleados era esencial para ella, buscaba hacerlos sentir parte de su proyecto y sembrar el anhelo de desarrollarse y crecer en equipo.

Fuera de las universidades, Aguirre se enfrentó con una competencia agresiva, por lo que buscaba posicionarse para buscar la preferencia de los clientes. Ella consideraba que la única manera en la que podía tomar distancia era a través de estructuras, manuales y la estandarización de sus procesos, lo cual le tomó casi dos años conseguir.

A tres años y medio de validar su modelo de negocio y después de recibir el manual de operación de Fast Fruit Factory, que incluía los modelos de negocio para universidad y para centro comercial, Elizabeth Aguirre consideró convertir su emprendimiento en una franquicia.

Para el lanzamiento de la franquicia de Fast Fruit Factory, que tenía programado para el segundo semestre del 2014, no contaba con recursos propios, así que consiguió capital a cambio de 35% de su empresa. Para los franquiciatarios, Aguirre calculó el retorno de inversión en 18 meses.

Algunas personas de las ciudades de Monterrey y de Cancún le habían solicitado franquicias de Fast Fruit Factory. Elizabeth se preguntaba qué debería tomar en cuenta para promoverlas y cuáles eran los riesgos al convertir el negocio en franquicia, además de los candados que debería usar para minimizarlos. Pero al final Aguirre se decidió en poner su idea de negocio al alcance de otros emprendedores.

*Coatlicue Regalado Arenas emprendedora de La Letrería diseño editorial, laletreria.com. Adaptación de Verónica Delgado Cortés, egresada de la Maestria en Administración y Negocios del Tecnológico de Monterrey campus Guadalajara.

El Tecnológico de Monterrey y El Economista entregarán un Certificado en Técnicas de Emprendimiento a los lectores que resuelvan una serie de casos de publicación quincenal, de los que este texto forma parte. Consulta las bases en eleconomista.com.mx/especiales/tec-pymes

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CRÉDITO: 
Coatlicue Regalado Arenas