Scrum, la jugada que lleva al éxito

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La pasión y el trabajo en equipo que se observa en el rugby es innegable: para muestra el scrum o melé, su formación simbólica, donde los ocho jugadores se pasan la pelota los unos a los otros mientras avanzan como una unidad en el campo.

La idea de trasladar la pasión deportiva a una oficina puede ser el anhelo de cualquier compañía, es por esto que Jeff Sutherland y Ken Scwaber, tras basarse en un escrito de los japoneses Hirotaka Takeuchi e Ikujiro Nonaka, crean la metodología Scrum, que aseguran “puede ayudar a transformar el funcionamiento de las compañías y su forma de crear, planificar y pensar”.

En su libro homónimo al método, Jeff Sutherland menciona que éste se basa en comprobar cada determinado tiempo cómo va el proyecto planeado, si apunta a la dirección correcta o si es lo que la gente realmente quiere y necesita. Cuestionarse acerca de si existen maneras diferentes de mejorarlo y lo que impide que esto suceda, es el primer paso para adoptar la metodología.

La jugada perfecta

Posicionarse como la mejor compañía en el sector no es cuestión de suerte ni de hacer las cosas bien; “no hay que mejorar sólo una vez, hay que mejorar constantemente. Siempre hay que buscar algo que transformar y nunca jamás conformarse con lo que se ha logrado”, expone Jeff Sutherland.

Quien además refiere que el objetivo final es alcanzar esos propósitos con alegría y coordinación, por lo que plasma cinco puntos esenciales que debe seguir cualquier compañía que pretenda realizar la jugada perfecta:
En el Scrum el equipo es la base de la metodología, es por esto que los mejores grupos son trascendentes –piensan más allá de ser uno más y buscan ser grandes–, son autónomos –la dirección establece los objetivos, pero el personal decide cómo alcanzarlos– y son multidisciplinares –cuentan con las personas exactas para hacer lo que tienen establecido de principio a fin–.

El factor tiempo es clave en el método de Sutherland, si bien “no podemos hacer que el sol se pare, si es posible hacer que corra más”, ¿cómo? aplicando el sprint, es decir, hacer que el equipo se vuelque en una actividad durante un tiempo breve y luego detenerse para analizar lo que se ha conseguido. El elemento crucial está en que los colaboradores deben comprometerse a culminar el cupo de tareas asignadas, “si algo está a medio hacer al final del sprint será peor que si no se hubiera empezado, sólo se gastarán recursos, tiempo y esfuerzo en vano”, aclara el autor, que además pide no desperdiciar tiempo y concentrarse en una actividad, “que aunque la idea de la multitarea resulta atractiva, no estamos capacitados para ello como creemos”.

Gerald Weinberg, en su obra Quality Software Management, afirma que tres proyectos simultáneos ocasionan una pérdida de 40% por cambios de contexto. En el caso de cinco proyectos, las pérdidas alcanzan 75 por ciento.

Convence en noventa segundosEl creador del Scrum recomienda planificar elaborando una lista de las cosas a realizar durante el proyecto y ordenarlas por prioridad, lo que hará más sencillo identificar cuánto esfuerzo, tiempo y dinero se requiere para llegar a la meta establecida.

Finalmente, hay que mantener un equilibrio entre lo que se puede crear, lo que se puede vender y lo que esto puede llegar a entusiasmar a la empresa:
“Lo que el Scrum quiere evitar es que acabes haciendo algo que nadie quiere en realidad, que prometas cosas que no puedes cumplir o que construyas lo que puedes vender pero sin entusiasmarte (…) no acabes trabajando duro para construir algo mediocre”, dice Jeff Sutherland.

Los suscriptores de El Economista pueden acceder a una síntesis de este resumen, Scrum, elaborada por Leader Summaries. Para ello diríjase al apartado de descarga de PDF del periódico en la web de El Economista y pulse en el apartado de Biblioteca Empresarial o visite la página de Leader Summaries, libros resumidos.

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CRÉDITO: 
Zyanya López / El Empresario