La pandemia amplió la brecha laboral de las mujeres

Michelle Ferrari, presidenta del Women Economic Forum Iberoamérica (WEF). Foto: Especial

No hay duda, dice Michelle Ferrari, presidenta del Women Economic Forum Iberoamérica (WEF), que la pandemia amplió las brechas laborales para nosotras. Y aunque la covid-19 ha servido para que las empresas acepten el trabajo desde casa, poniendo todo en la balanza, el resultado es negativo, asevera.

“Más mujeres que hombres han perdido su trabajo, y ellas están tardando más en recuperarlo”, dice en conversación con El Economista. Las mejoras habían sido lentas, “pero era mejor que nada”, o que un retroceso. El 3 de diciembre se llevará a cabo la edición 2020 del WEF Iberoamérica, que se transmitirá desde España, y el desafío será impulsar el desarrollo “en estas condiciones”.

Según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), en septiembre había 33.3 millones de hombres económicamente activos; antes de la pandemia eran 34.6 millones. En tanto, en el mismo mes, 20.5 millones de mujeres tenían un empleo o estaban en busca de uno; antes de la crisis, había 22.6 millones en esta condición.

Las mujeres ya tenían mucho menos acceso al mercado laboral, enfatiza la consultora organizacional. El desempleo afectó a todos los grupos que tenían un ingreso por su trabajo, pero hasta ahora ellas siguen “representando las mayores bajas”. Pues mientras 1.1 millones de hombres siguen sin empleo, hay casi 3 millones de trabajadoras sin uno.

La violencia y el empleo

“Sin embargo, dentro de todos estos indicadores, las empresas van entendiendo que es posible el trabajo virtual. Antes esto era mínimo”. A muchas mujeres esta flexibilidad les ha evitado tener que dejar su empleo. “La pandemia le ha dado un gran impulso al home office y eso es positivo”.

Michelle Ferrari, integrante del consejo de accionistas de Great Place to Work (GPW) pone otro peso a la balanza: “El cierre de las escuelas trajo una carga adicional a las madres trabajadoras. Y, en general, todo lo que se tiene que hacer en casa para no poner en peligro nuestra vida por esta enfermedad implica mucho esfuerzo que se delega en las mujeres”.

Sumado a las medidas de confinamiento, esto complica la búsqueda de empleo o de un puesto de mayor responsabilidad y, por ende, de mejor remuneración, explica. “No todas pueden darse el lujo de quedarse en sus casas. Tienen la urgente necesidad de conseguir ingresos”.

La exdirectora de GPW menciona otros indicadores que pocas veces se exponen cuando se habla de la brecha laboral. “La violencia contra las mujeres en el ámbito familiar y los feminicidios han incrementado” en esta pandemia. “En general el panorama para la población femenina se ha visto muy afectado. Es la realidad”.

El Convenio 190 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre la violencia y el acoso habla sobre las agresiones en los hogares. Las afectaciones físicas y psicológicas que éstas les causan impactan sus actividades en su empleo, señala. Las empresas deben otorgar licencias a las víctimas para interponer denuncias o atender su salud, recomienda la entidad multilateral.

Modo sobrevivencia

Para Michelle Ferrari, las organizaciones necesitan “humanizarse mucho más”. Eso significa entender de manera amplia que quienes realizan el trabajo son personas con diferentes contextos, problemáticas y talentos. Y aquí menciona el otro lado de la tecnología: ha contribuido a mantener a muchas mujeres en el mercado laboral, pero “tiende a deshumanizar”.

Cada vez hay más empresas que han comprendido que el valor más importante es su gente, dice. “Pero aún hay un gran camino por recorrer”. Los mejores lugares para trabajar son aquéllos “que inspiran y promueven un buen ambiente laboral. Donde las personas son el centro. Son aquéllas que, por lo tanto, son más rentables”.

Pero vuelta a la balanza: la crisis por la pandemia puso a muchas organizaciones y a muchas personas “en modo de sobrevivencia”. Algunos centros de trabajo no pueden ofrecer las mejores condiciones y la gente no puede rechazar el empleo.

No obstante, “siempre hay una manera de ofrecer una mejor calidad de trabajo, y no necesariamente es el sueldo”. Por supuesto que esto es algo importante, pero el trato, la promoción de la diversidad y la generación de una cultura de innovación son elementos que también pesan mucho, asegura.

Ante la escasez de ofertas, de trabajos en condiciones dignas o de tiempo para compaginar la vida personal, muchas mujeres están emprendiendo, señala. “Aunque sea en negocios informales”.

En diciembre se llevará a cabo la edición WEF Iberoamérica 2020. “El objetivo de cada reunión es impulsar el desarrollo de las mujeres en las finanzas, la educación, el emprendimiento y la cultura”, informa.

Este año, más que la sana distancia, el mayor reto será “seguir concientizando para que los paradigmas del mundo corporativo, y del mundo en general, se muevan. Que se accionen los diferentes mecanismos para apoyar a las mujeres”.

CRÉDITO: 
Blanca Juárez