El liderazgo del siglo XXI tiende a la participación

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En el siglo XX, los líderes debían ser duros, exigentes y autoritarios, ya que así creían que ­obtendrían mejores resultados por parte de los empleados, pero ¿realmente era efectivo?

La realidad es que esta forma de liderar, aunque fue eficiente en su momento porque sí se obtenían los resultados esperados, no atendía otras áreas relacionadas con la productividad y sobre todo el lado humano.

“Este tipo de liderazgo viene de la generación de los tradicionalistas, los nacidos entre 1900 y 1945, y los baby boomers que nacieron entre 1946 y 1964, y se caracterizaba por ser demasiado autócrata, muy directiva, donde la autoridad no podía ser cuestionada por nadie y donde tampoco se esperaba un trato humano”, explica ­Raciel ­Sosa, especialista en desarrollo de liderazgo y director general de Leadex Solutions.

Añade que este modelo se fue transformando con la generación transicional X, la nacida entre 1965 y 1980, quienes aunque traen muchas ideas de los tradicionalistas, también tiene la frescura de todo lo que la tecnología empezó a generar, con ello empezaron a cambiar las formas de trabajo hasta nuestros días.

Uno de los mayores cambios en la forma de trabajar y liderar, detalla, ha sido realizado por la generación de los millennials, los nacidos entre 1981 y 1995, quienes además de utilizar los recursos tecnológicos para mejorar sus procesos laborales, han cuestionado muchos de los paradigmas del liderazgo y han redefinido el concepto en un sentido más humano.

“Ellos esperan un liderazgo donde se respeten las garantías individuales, donde se admire al líder y se pueda confiar en él, entre otras cosas”.

Liderazgo masculino y femenino

Raciel Sosa señala que la nueva forma de ser de los líderes es participativo, orientativo, comprensivo, donde la persona consuela, escucha y aconseja. A esto se le conoce como liderazgo femenino, ya que el masculino es más estricto y autoritario.

“Lo que ahora se espera es un liderazgo mucho más cercano a la gente, donde ya no existen los gritos, el maltrato a la gente, sino la relación interpersonal. La principal diferencia del liderazgo del siglo XX y del siglo XXI es que uno tiende a la autoridad y el otro a la participación”, destaca.

Si bien el líder del siglo XXI tiene otra forma de pensar, el liderazgo de antes puede seguir siendo válido para establecer elementos de control como establecer objetivos y asignar responsabilidades en su equipo, además de que los faculta, educa para desarrollar correctamente sus actividades y realiza evaluaciones para medir la productividad.

La clave para ser un buen líder en la actualidad, indica, está en la forma de pedir. Al establecer un objetivo, hay que tomarse un minuto para reflexionar el porqué y para qué se hace y cómo eso alimenta a la sociedad, clientes y sobre todo al equipo de trabajo.

“Cuando te tomas ese minuto más para explicar a la gente esos puntos, entonces estás con un líder integral porque aprovecha todo lo aprendido del control de las generaciones anteriores, que no hay que desecharlo, porque la base de la confianza es el buen control. Hoy éste debe ser matizado, enriquecido y dosificado a través de la confianza”, concluye.

CRÉDITO: 
Elizabeth López Argueta / El Empresario