Lecciones de innovación, según Homero Simpson

Sin saberlo, usa el método SCAMPER, que sirve para la creatividad. Foto: Especial

Demuestra que se necesita pasión, dedicación y valor, y algunos métodos.

“Anda la osa”, “pequeño demonio” y “me voy, me voy, me voy, al bar de Moe” son algunas frases de Homero Simpson, el hombre barrigón adicto a las cervezas y donas que ha cautivado a generaciones por sus ocurrencias y falta de ciertas habilidades, pero que nunca se detiene para obtener lo que desea, lección para todo aquel que sueña con el éxito.

Uno de los requisitos más importantes al crear un negocio es tener creatividad e ingenio, pensar fuera de la caja para innovar y ofrecer productos y servicios diferentes a los demás, lo que puede convertirse en un difícil reto. Si alguien sabe de esto es Homero, quien a pesar de haber fracasado, logró innovar, ¿cómo lo hizo y con qué?

Jaime Moncada, coordinador de la licenciatura en Inteligencia de Negocios e Innovación de la Universidad CETYS Tijuana, explica que la creatividad está presente en todos; sin embargo, muchas veces no se desarrolla por el miedo.

“Para ser creativos debemos permitirnos exponer nuestras ideas sin miedos. No hay que avergonzarnos ni temer al juicio de los demás y sobre todo hay que romper paradigmas. Muchas veces pasa que se nos ocurre una idea maravillosa pero asusta compartirla”, expresa durante el IV Congreso Internacional ICSB México sobre Pequeña y Mediana Empresa.

Sé como Homero

Para desarrollar el proceso creativo, hay que ver más allá de lo que nuestros ojos observan y pensar en cambiar el entorno de forma disruptiva tal como lo hace Simpson.

El camino de Homero en el mundo de la innovación ocurre en el capítulo llamado “El mago de la terraza por siempre verde”, donde después de analizar que no ha logrado nada en sus 39 años de vida, decide dar un giro radical al convertirse en inventor, como Thomas Alba Edison.

“A partir de este día, seré inventor”, señala Simpson, con determinación y valentía, derrumbando así el primer obstáculo: el temor.

El primer paso aventurado que da es renunciar a su empleo, pues su finalidad es enfocarse 100% a ese proyecto que de momento lo apasiona, pero en el camino ve que no es sencillo crear algo nuevo.

“Ve esta mesa y dime qué ves, seguramente una mesa, pero la gente creativa como yo ve más cosas funcionales. Así funciona la mente creativa”, destaca como lección de ir más allá de lo convencional.

En su búsqueda de ideas, implementa diversas estrategias: lluvia e intercambio de ideas, colaboración, investigación y retroalimentación. Ahí descubre que puede innovar de dos formas: pensar en cosas que necesitan las personas y que aún no existen, o en algo que ya existe y necesita un nuevo uso.

Sin saberlo, pone en práctica el modelo de creatividad SCAMPER: Sustituir, ¿qué se puede cambiar al producto?; Combinar, ¿qué agregar?, Adaptar, ¿cómo modificarlo?; Magnificar, ¿cómo hacerlo mejor?; Poner otros usos, ¿de qué otras formas funciona?, Eliminar, ¿qué quitar?, y Reorganizar, ¿cómo modificar su distribución?

Moncada indica que dentro del proceso creativo existen tres facetas por las que todo emprendedor debe atravesar: imaginación cuando se conciben cosas que no se presentan a los sentidos; creatividad al desarrollar ideas originales y novedosas; e innovación, proceso de poner en práctica ideas nuevas que generen valor, la creatividad aplicada, el paso al que muchos no llegan.

Homero no se rinde

En el caso de Homero, sus primeros cuatro inventos son muestra de que la imaginación está presente: un martillo eléctrico, una alarma de “todo está bien” que deja de sonar cuando algo anda mal, una pistola automática de maquillaje y un sillón reclinable con escusado integrado.

A excepción del martillo eléctrico, los demás no muestran creatividad e innovación, porque aunque sean originales, no generan valor a la sociedad, y ese es uno de los errores a los que muchos emprendedores se enfrentan, creer que algo que no existía sólo por ser nuevo puede generar impacto, cuando realmente no es así.

Para generar valor se requiere analizar las necesidades de las personas, ver sus problemas y buscar una solución. Tomándose como ejemplo, Homero finalmente crea un invento innovador aunque no se da cuenta en el momento: una silla de seis patas que evita caídas, aunque su felicidad se desvanece al poco tiempo cuando descubre que Edison la creó pero nunca la patentó.

Entre las lecciones más importantes que Homero descubre es que todos los que buscan cambiar al mundo en algún momento padecieron frustración y angustia, pero no por ello se detuvieron. Vencieron temores, mostraron sus ideas aunque podían no ser viables y aprendieron a mejorarlas para así lograr resultados superiores a lo que esperaban y sobre todo confiar en sí mismos.

Desafortunadamente, al dejar sus inventos del martillo y la silla en el museo, se atribuyen a Edison, causando el enojo de Homero. De aquí la lección es compartir sin miedo y sobre todo registrarlo.

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CRÉDITO: 
Elizabeth López Argueta / El Empresario