Ignorar un saludo no es el fin del mundo, pero crea un ambiente inhóspito

A veces las empresas se deshumanizan, es decir, pierden de vista el foco en las personas. Foto: Shutterstock

Los líderes necesitan crear empresas más humanas, basadas en la confianza y comunicación.

El talento es tan importante como los activos de la compañía; sin embargo, muchos líderes suelen centrarse en el crecimiento de la empresa y dejan de lado al colaborador, “se olvidan que están trabajando con personas”, refiere Ignasi Castells Cuixart, consultor de talento laboral.

“A veces las empresas se deshumanizan, es decir, pierden de vista el foco en las personas, se enfocan solo en tener resultados”, comenta Cuixart, autor del libro “En clave de personas. Jefes más empáticos, empresas más humanas”.

Comenta que son las pequeñas acciones, las del día a día, las que definen a una empresa humana o que crean un ambiente inhóspito entre los colaboradores. Algo tan simple como el responder un saludo o preguntar cómo va el día, puede hacer la diferencia.

“Si un colaborador saluda un día a un mando y este no devuelve el saludo, no va a ser el fin del mundo, pero está construyendo, quizás involuntariamente, un lugar de trabajo más inhóspito, menos acogedor. Y si esto se repite a la mañana siguiente, y a la otra, al final  tendremos un problema enquistado, cronificado, que repercutirá sobre el bienestar, la satisfacción laboral, y en la productividad”, comentó en charla con El Economista.

Ignasi precisa que si este tipo de actitudes, de ignorar o menospreciar a quienes tienen un cargo más bajo se repite constantemente, se genera un problema en el ambiente, que puede ocasionar baja productividad, descontento o en el peor de los casos, hacer que el colaborador no se sienta valorado y opte por dejar la compañía.

Ante este panorama, es importante que los líderes conozcan las consecuencias que puede tener un gesto, aparentemente superficial, como el saludo o preguntar cómo va el día, así “quizá el directivo tendría más cuidado y respondería a todas las llamadas y saludos”.

Instaura un ambiente de confianza

Aunque se ha dicho que las emociones en el trabajo no tienen cabida, la realidad es que son innatas de los seres humanos y es imposible dejarlas en casa, pues van junto con las capacidades de raciocinio. Por ello, los líderes tienen que ser conscientes de ello y aprender a manejar sus propias emociones y trabajar con las de los colaboradores.

Así como habrá días buenos, también los habrá malos, por ello, los líderes requieren instaurar relaciones de confianza, que permitan que la gente exprese sus inquietudes, miedos y ganas de crecer, sin que reciban una respuesta negativa o tajante por parte del gerente, al contrario, que encuentre un apoyo para continuar creciendo.

Para establecer un ambiente de confianza, el líder puede comenzar por hacer un análisis del impacto que tienen sus decisiones y prever si este será negativo o positivo, de esta forma se pueden articular medidas para amortiguarlo.

“Si el mando sigue ciego ante la realidad y no quiere ejercer la capacidad empática, esto puede derivar en ausentismo laboral y en grado extremo, renunciar”, relata el autor.

¿Cómo crear una empresa empática?

Ignasi detalla que se pueden implementar políticas que ayuden a crear un ambiente más empático y centrado en el colaborador, sobre todo después de la pandemia, pues se ha visto la necesidad de un liderazgo basado en los colaboradores.

Son tres las habilidades que los líderes deben poner en práctica. La primera es incrementar la autoestima de los colaboradores, aplaudir y reconocer sus logros, ello se traduce en el aumento de autoestima.

El segundo es tener una escucha activa, es decir, escuchar las necesidades de los colaboradores, sus inquietudes y expectativas.

La tercera es estimular la participación: las personas, en general, quieren tener la sensación de que pertenecen a un equipo y que su trabajo representa una contribución valiosa para el éxito del equipo. Quieren aportar su granito de arena y que se les reconozca.

Trabajo híbrido y empatía

“Para compensar la ausencia de contacto físico, la comunicación y la confianza debe ser más exquisita, la escucha se tiene que hacer más evidente, redoblar las señales de lenguaje no verbal y cuidar el vocabulario”.

Ignasi precisa que son las acciones del día a día las que hacen que la compañía sea más humana, que los colaboradores se sientan parte de la empresa y en consecuencia el ánimo aumente; pero la falta de esas pequeñas acciones pueden terminar con la armonía.

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CRÉDITO: 
Elizabeth Meza Rodríguez / El Empresario