¿Cómo puede la empresa prevenir los riesgos de los siguientes 10 años?

Hay que estar preparado a las amenazas a corto y largo plazo. Foto: Especial

La pandemia tiene más de un año que ha arrebatado millones de vidas en todo el mundo, empleos, estabilidad financieras, entre otros conflictos, algo que sorprendió a la empresas y que poco a poco han ido solucionando; sin embargo, este no es el único riesgo fuerte que vivirán, y si quieren sobrevivir, deben anticiparse a los inconvenientes de los siguientes 10 años.

De acuerdo con la encuesta de Percepción de Riesgos Globales del WEF (GRPS, por sus siglas en inglés), los riesgos en el corto plazo son: las crisis de empleo y de medios de subsistencia, el estancamiento económico, los daños ambientales provocados por el ser humano, la erosión de la cohesión social y los ataques terroristas.

Asimismo entre los riesgos más probables para la próxima década destacan los fenómenos meteorológicos extremos, los daños ambientales provocados por el ser humano y la falta de ciberseguridad, por mencionar algunos.

Ante esta situación, Lockton realizó un análisis sobre los riesgos que tendrán mayor impacto en la próxima década y soluciones para enfrentarlos de la mejor manera e impulsar la resiliencia en las organizaciones.

Lo urgente

Ricardo Alvarado, director ejecutivo de riesgos de Lockton México, explica que en lo relativo a la crisis de empleo, y para poner un ejemplo del caso mexicano, la situación derivada de la pandemia hizo que se perdieran 12 millones de empleos en el país, de los cuales, a marzo de 2021, aún faltaban 2 millones por recuperar.

El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) dio a conocer el pasado 22 de abril que, “de los 12 millones de personas que salieron de la población económicamente activa por el tema de pandemia, la recuperación es de alrededor de 10.6 millones para el tercer mes de 2021, por su parte la población ocupada se situó en 53.8 millones; 2 millones de personas menos en comparación con marzo de 2020.”

En cuanto a la crisis de medios de subsistencia, de acuerdo con el Estudio sobre la Demografía de los Negocios, elaborado por el Inegi, de los 4.9 millones de establecimientos micro, pequeños y medianos, sobrevivieron 3.9 millones, que representan 79.2%, y cerraron sus puertas definitivamente 1 millón 10,857 establecimientos, que representan 20.8%, dejando al final un saldo de 391,414 unidades económicas menos, de las cuales 99% pertenecen al rubro de pymes.

Sobre el estancamiento económico, el Inegi también señala que “durante el 2020 el PIB a precios constantes registró una caída de -8.5% en relación con 2019, con series desestacionalizadas.”

Respecto de los daños ambientales provocados por el ser humano, en México hay consecuencias terribles.

“El pasado 22 de abril, el Día Mundial de la Tierra, Ciudad de México llegó sofocada por sequía e incendios forestales, así como una contingencia ambiental. La jefa de gobierno, Claudia Sheinbaum, dio a conocer que para esa fecha y en lo que iba del año, la ciudad había padecido ya 888 incendios forestales que habían consumido 4,100 hectáreas de áreas verdes, incluyendo parte de la tercera sección del Bosque de Chapultepec”, resalta Alvarado.

Sobre los ataques terroristas, si bien en México no está reconocido como tal el actuar de grupos de corte terrorista, la violencia que ejerce el crimen organizado bien podría considerarse de tácticas similares a las empleadas por dichos grupos, toda vez que emplean explosivos plásticos y no consideran si provocan daños colaterales y generan víctimas inocentes o daños materiales ajenos a su blanco objetivo.

¿Qué hacer?

Todos los riesgos descritos anteriormente para los países aplican también para las empresas.

Así como se pueden adaptar los riesgos a las unidades económicas, también se pueden adecuar las soluciones propuestas por el propio Foro Económico Mundial.

El primero es formular marcos de análisis de impacto de los riesgos que tengan una perspectiva holística y basada en sistemas.


“Aquí aplica lo que se denomina Plan de continuidad de negocios (BCP por sus siglas en inglés), que no es otra cosa más que un protocolo para asegurar que pese al embate de una crisis de cualquier tipo, los negocios sigan funcionando,” añade Alvarado. 


Para que un BCP resulte eficiente debe estar basado en una estrategia establecida por etapas. De acuerdo con el área de Risk Management Intelligence de Lockton, la continuidad del negocio depende de cuatro fases: análisis de riesgos; definir la Continuidad del Plan de Operación (COOP por sus siglas en inglés); realizar pruebas de desempeño de los involucrados; e impulsar una cultura organizacional que fomente la confianza y aliente la destreza para hacer frente a interrupciones.


“Por último, es recomendable realizar una constante actualización, es decir, tener la capacidad de incluir nuevas líneas de negocio,” señala Ricardo Alvarado.

El segundo punto es invertir en “abanderados de riesgos” de alto perfil para alentar el liderazgo nacional y la cooperación internacional.

En este punto aplica una solución efectiva en cualquier ámbito, la acumulación de conocimiento. En todos los sectores, económicos, sociales y políticos, siempre hay alguien que ya tiene camino andado y que puede servir de ejemplo en la gestión de riesgos para las empresas.

El tercero es mejorar las comunicaciones sobre riesgos y compartir la información. 
Una manera de comunicar mejor los riesgos o hacerlos más asequibles es la generación de mapas de riesgos. En éstos, se plasman de manera gráfica, los riesgos sobre dos ejes, el horizontal de las probabilidades y el vertical del impacto.

Se trata por una parte de visualizar qué riesgos ocasionarían un fuerte impacto en mi negocio, y cuáles otros tendrían una repercusión leve. Por otra parte, permite entender cuáles son los riesgos con poca probabilidad que se materialicen y qué otros es casi un hecho que ocurran en algún momento determinado.

Finalmente, está explorar nuevas formas de asociación público-privada para preparase frente a los riesgos.

Los riesgos planteados por los encuestados del Foro Económico Mundial son a la vez ventanas de oportunidad para establecer lazos de colaboración entre el sector público y privado, más allá de las inversiones en obra pública.

La brecha digital, que se deriva en parte de las carencias de conocimientos y habilidades en tecnología, así como la falta de ciberseguridad son un par de riesgos que bien podrían evitarse con asociaciones público-privadas, donde cada parte ponga sus recursos y su expertise en aras de un bien común.

CRÉDITO: 
Redacción / El Empresario