El acoso laboral y sexual en tiempos de pandemia

El acoso laboral es el sexto tipo de acoso más común con 3.6%, seguido de la sobrecarga de trabajo. Foto: Especial

En home office puede darse al enviar mensajes inapropiados

Desde 2020, las empresas han vivido una de las peores pandemias en la historia: el Covid-19; sin embargo, hay otra que han padecido por años y que ha afectado a millones de empleados, solo que los síntomas de esa enfermedad no son concientizados como tales o no se ven como un problema: el acoso laboral y sexual.

Genoveva es ejemplo del acoso que se viven en las empresas, pues hace cinco años fue víctima de acoso sexual en su ex trabajo, cuando en un evento organizado por su empresa que contó con clientes de la propia organización, un hombre tuvo insinuaciones sexuales hacia ella, trató de abrazarla, bailar de forma inapropiada y besarla, ella se defendió y con ayuda de un compañero de trabajo, salió del lugar. Al denunciar en su empresa, no le hicieron caso.

“Cuando lo comenté dijeron ‘pues era una fiesta, estaba alegre, tampoco fue para tanto, no quiso agredirte realmente’. Estaba tan molesta que lo vieran como algo normal. En esa semana renuncié”, narró en entrevista con El Economista.

El acoso sexual es el principal problema que se vive en las empresas con 44.4%, seguido del acoso verbal con 22.2%, indican datos de Statista. Las mujeres son las más afectadas, en promedio, 26.6% ha sufrido algún acto de violencia, revela la Secretaria del Trabajo y Previsión Social.

El problema es que muchos casos no se denuncian por miedo o por que muchas de las acciones se perciben como “cotidianas”, “no graves” o que incluso fue la culpa de la persona por no poner un “límite” pese a que se haya hecho o que por miedo, no se supo cómo actuar.

Para Arturo del Castillo, director general adjunto de Kroll México, el mayor problema del acoso es que muchas de las señales del acoso no se ven como tal porque hay muchos comportamientos aceptados, desde comentarios, gestos o articulaciones físicas.

“Si tuviéramos que hacer una especie de catálogo de las situaciones de microacciones que pueden ser denotadas de acoso sexual, nunca acabaríamos porque la interacción humana es muy compleja y versátil, pero podemos resumirlo en tres categorías: verbales, de comportamientos y físicas”, dijo.

En lo verbal, explicó que pueden ser frases con connotaciones inapropiadas. Del lado del comportamiento están las gesticulaciones, por ejemplo, acercarse de forma inapropiada o con movimientos sugerentes, y finalmente está el contacto físico, donde ya se viola el espacio personal, se toca sin consentimiento o en situaciones más graves, se da un ataque.

Lo importante, resaltó, es reconocer que desde una mirada lasciva o recibir comentarios que pueden parecer inofensivos pero tienen un componente sexual, por mínimo que sea, son indicadores de acoso.

Acoso en home office

Además del acoso sexual está el laboral, pero que no se detecta tanto porque al igual que el otro, muchos de los comportamientos son normalizados. El problema es que desde la entrada obligatoria del home office esta situación se ha intensificado.

“Por el fenómeno de la pandemia no solo no disminuyó, sino que en algunos casos, se exacerbó”, resaltó del Castillo.

Gustavo es otra víctima de esta pandemia, ya que después de haber trabajado como contador en una empresa grande, su jornada que era de ocho horas en oficina, se convirtió a 18 o hasta 20 horas, con mensajes de sus jefes a largas horas de la noche, monitoreándolo todo el día, aumentando su carga de trabajo en el triple y sin posibilidad de pedir vacaciones, “estás en casa, ¿para qué quieres vacaciones?”, le decían.

Este de tipo de acoso los ejercen los jefes en un 74%, de acuerdo con la Comisión Nacional de Derechos Humanos, lo que le ocurrió a Gustavo.

El acoso laboral es el sexto tipo de acoso más común con 3.6%, seguido de la sobrecarga de trabajo con 2.1%, indica Statista.

Al final, Gustavo renunció y a pesar de haber seguido protocolos, sus jefes le recriminaron y le alegaron que no tenía ética profesional por retirarse. Uno de los problemas que tuvo fue síndrome de burnout.

En este sentido, del Castillo mencionó que el problema es que se sigue creyendo que trabajar mucho sigue considerándose una señal de éxito, incluso aguantar conductas agresivas u opresivas. “Se requiere un cambio de paradigma”.

Pero lo laboral no es lo único que se vive en el home office, pues el sexual sigue a la alza, porque aunque ya no es físico, se sigue realizando a través de mensajes, correos u otro canal de comunicación.

Cultura de prevención

Arturo del Castillo resaltó que ante estas situaciones, la empresa debe diseñar un adecuado protocolo de prevención en donde se concientice qué es el acoso en todas sus modalidades, las actitudes que no se deben permitir.

“Se trata de no solo implementar un código de ética, sino tener entrenamientos para hacer valer sus derechos y hacerlo de manera segura. Que se tenga un protocolo para no volver a repetir si se presenta alguna situación. Estamos en un momento donde nos corresponde hacer la diferencia, donde podamos reparar, denunciar o señalar estas acciones, sino seremos participes de estos fenómenos”, finalizó del Castillo.

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CRÉDITO: 
Elizabeth López Argueta / El Empresario