La mujer en el liderazgo del siglo XXI

Considero que existen diferencias entre el liderazgo masculino y el liderazgo femenino. El primero es un liderazgo totalmente orientado al resultado y a la métrica, mientras que el segundo es un liderazgo que tiende a evaluar o valorar no solamente el resultado, sino los cómos.

Lo cierto es que las madres eran las responsables de educar a los hijos años atrás, por lo que traen un modelo de liderazgo que suele ser muy formativo. Las mamás no solamente se preocupaban de que obtuvieras una buena calificación, te enseñaban a hacer la tarea y te acompañaban en todo el proceso de formación, para que pudieras lograr un mejor resultado.

Es por ello que el liderazgo femenino es más cercano y comprometido, más orientado a la formación, mientras que el liderazgo masculino asume que todo eso ya lo debes de saber: “yo no te voy a pagar por enseñarte; tú tienes que resolver lo que te pedí, no me importa cómo lo logres, siempre y cuando llegues con el resultado que yo espero de ti”.

De ahí que el liderazgo femenino tiende a ser más integral; un liderazgo que, además de estar orientado al resultado, tiende a ser formativo.

Dónde conviene el liderazgo femenino

Más bien hablaría de épocas, antes de hablar de áreas específicas. Respecto al siglo XXI, existen diversos autores que señalan que el liderazgo tiene que evolucionar de un liderazgo masculino a uno femenino. De entrada, yo diría que, actualmente, sí hay una preocupación de que vayamos hacia un liderazgo femenino como una respuesta de la demanda de este siglo.

En mi opinión, no creo que el tipo de liderazgo vaya alineado a áreas específicas dentro de una organización, más bien creo que tiene que ver con los niveles de madurez de los colaboradores. Es decir, si se trata de un liderazgo que se orienta solamente a resultados, requiere de un colaborador muy maduro, donde el líder asume que su colaborador ya lo sabe todo y, si es así, su única preocupación es definir muy bien el resultado que se quiere lograr y, en consecuencia, medir al colaborador en base a ello.

Si el colaborador cuenta con amplia trayectoria y experiencia en el puesto, el líder no le transmite los cómos. En este sentido y en líneas generales, el liderazgo masculino funciona muy bien, sobre todo, para personas que tienen un alto nivel de independencia, de desarrollo, madurez y conocimiento de su tema.

Por otro lado, el liderazgo femenino resulta muy eficiente para personas que todavía están en proceso de ser formadas; es decir, colaboradores que requieren que su líder les transmita el camino a seguir para obtener el resultado deseado, alguien que les supervise, corrija y brinde un aprendizaje.

Un líder Integral: combinación de liderazgo

Hoy en día, considero que las organizaciones requieren de ambos tipos de liderazgo. Creo que es importante que el liderazgo masculino aprenda del liderazgo femenino y viceversa para que se pueda crear un líder integral, aquel que ya entendió el qué, cómo y cuándo de los dos tipos de liderazgo.

Ambos son muy necesarios dentro de una organización. Un líder integral es aquel que maneja de forma adecuada los dos tipos de liderazgo.

Liderazgo femenino en la actualidad

Las mujeres ya tienen un espacio en este ámbito dentro de las organizaciones, aunque todavía no alcanzan el lugar que ocupan los hombres. Todavía seguimos luchando con el estereotipo de que el hombre es el líder, el que manda y el que ocupa posiciones jerárquicas pero, afortunadamente, veo, cada vez más, a grupos de ejecutivos donde hay más mujeres que hombres. Sin embargo, aunque esto no sea, hoy en día, lo más común, antes era impensable.

Las mujeres ya tienen un espacio en este ámbito y ahora les toca aprovecharlo, incrementarlo y demostrar todo su potencial. Considero que las mujeres tienen muchísimo que aportar al mundo organizacional.

La mujer tiene que hacerse valer luciendo sus propias herramientas que son muchísimas y que son exquisitas y sublimes.