Hablando de independencia

Hoy celebramos la independencia de México, es decir el momento en que nuestro país se liberó del colonialismo español, es decir que dejó de ser tributario de aquel país y adquirió la capacidad de autodeterminación.

De acuerdo con el diccionario de la lengua española, la palabra independencia se define como: 1. Cualidad o condición de independiente. 2. Libertad, especialmente la de un Estado que no es tributario o dependiente de otro. Y 3. Entereza, firmeza de carácter. En este contexto, una característica de la independencia es la libertad, palabra que la misma fuente define como: 1. Facultad natural que tiene el hombre [sic] (ser humano) de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos. 2. Estado o condición de quien no es esclavo. 3. Estado de quien no está preso. 4. Falta de sujeción y subordinación. Entre otras, sin embargo, me quedo con las primeras 3 por que son las que nos son útiles en este artículo.

Con todo lo anterior, concluimos que la independencia es una condición de las naciones y las personas en las que no están sujetos a la voluntad de terceros, es decir se es libre y esta libertad es ejercida con responsabilidad, en oposición al libertinaje, que el mismo diccionario define como desenfreno en las obras o en las palabras.

Todo lo anterior lo traigo a colación por que una de las características de la persona o grupo de personas que administran cualquier tipo de entidad jurídica y económica, es precisamente la independencia. Esto quiere decir que son personas que no están sujetos a la voluntad de terceros y que ejercen esa libertad con responsabilidad. Aquí muchos me podrán decir que en realidad están sujetos a la voluntad de los socios o accionistas, en realidad, al igual que los países, las personas, al ejercer nuestra libertad con responsabilidad, tenemos que obedecer las normas y leyes a las cuales voluntariamente nos sujetamos con objeto de vivir en una sociedad ordenada y de respeto mutuo, de ahí la frase que indica que “mi libertad termina cuando empieza la de los demás”.

Cuando los dueños de una empresa, o aquellos que ejerzan el control de cualquier tipo de entidad, llámese esta gobierno, patronato o socios, contratan a un administrador profesional, por supuesto que lo contratan por sus conocimientos y experiencia en el ramo en el que la entidad lleve a cabo sus operaciones. Pero también lo seleccionan por tener características de ética y probidad, lo que lo lleva a ejercer su profesión libre de influencias de los diversos grupos que pudieran tener intereses opuestos en la entidad, es decir que tiene independencia profesional.

Ya entrados en materia, cualquier administrador de empresa, estará sujeto a diferentes presiones por parte de los diferentes grupos que tengan interés en la entidad, desde diversos socios, clientes, proveedores, autoridades, empleados, sindicatos, bancos y empresas financieras, etc. También puede estar sujeto a presiones personales, como son la natural ambición personal, dificultades económicas o familiares o de cualquier otro tipo de relación (compadres, amigos, etc), que puedan influir en sus decisiones y acciones en el despeño de su actuación como administrador de la entidad.

La independencia profesional requiere que el administrador esté libre de conflicto de intereses, sean estos personales, familiares, de amistad, políticos o religiosos, a fin de que pueda ejercer sus funciones con justicia y equidad para todos los grupos que tengan intereses legítimos en la entidad.

Cada individuo, desde un punto de vista personal como profesional, tiene el derecho a ser independiente, pero ese derecho trae consigo obligaciones de cumplir las reglas de convivencia y respeto a los demás que nos hacen ser una sociedad con la ambición de tener un mundo mejor para nosotros, nuestros hijos y sus descendientes.

Luis Alberto Cámara Puerto, Socio de Vission Firm México, S.C.