Jeremías Butto, el emprendededor argentino que creó respiradores 60% más económicos

Jeremías Butto, Likhen Rod, que se dedica a productos electromédicos. creador de Foto: Especial

Jeremías Butto tiene 32 años y es ingeniero nuclear argentino que dirige Lago Fonck/ Aratom Sbecco, una firma fundada en 2011 cuya división de ingeniería comercializa balanzas a bordo y, recientemente, con la aprobación ante la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (Anmat), creó su tercera marca, Likhen Rod, que se dedica a productos electromédicos, particularmente respiradores.

"La nueva división de productos electromédicos tiene como objetivo fabricar respiradores para la pandemia -su nombre técnico es ventilador mécanico-. En el futuro, proyectamos, además, asesorar a otras empresas en la región para que puedan desarrollar tecnología de uso médico como respiradores y sensores. Hay mucho interés de empresas de Brasil y México de contar con nuestra tecnología", comparte Butto.

Emprendedor serial

Tras recibirse, Butto decidió emprender. En la primera entrevista que tuvo en Invap, en Bariloche, recuerda, en lugar de aplicar para una posición dentro de la empresa, ofreció servicios de ingeniería de la empresa que recientemente había constituido.

"Desde ese momento, he desarrollado diversos proyectos y cuento con clientes de diferentes sectores, aeroespacial, agro, logística, siderurgia y oil and gas", comparte.

La idea de diseñar Likhen Rod nació para ayudar y se convirtió en el primer nuevo respirador argentino nacido durante la pandemia. "A mediados de marzo, estaba de viaje de negocios en ExpoAgro en San Nicolás, por el lanzamiento de la balanza a bordo para el agro. Mientras estaba en la feria, se decretó la cuarentena. Como era imposible regresar a Bariloche, donde vivo, porque todos los vuelos habían sido cancelados, decidí quedarme en la casa de mis padres, donde nací, en Las Rosas, que queda a unos 200 kilómetros".

Allí, durante una charla con sus amigos de toda la vida, que también son industriales pymes, se enteró de que Las Rosas no contaba con respiradores y que, seguramente, iban a ser necesarios si la situación se agravaba por la pandemia. Así fue que pensaron que tenían que colaborar para solucionar el problema y decidieron diseñar y construir un respirador.

La inversión inicial fue de unos 11 millones de pesos argentinos, incluyendo el primer stock, que fue aportado por todos los socios. El proyecto está siendo financiado enteramente con fondos propios.

A Butto lo acompañan Horacio Testa (Tecnoplast), Hugo Tedeschi (Tedeschi Sembradoras), Carlos, Aníbal y Gabriel Moriconi (Vulcano Semirremolques).

"Investigamos si era posible fabricarlos en la Argentina cumpliendo con todas las exigencias sanitarias y al precio más bajo posible. Para hacerlo teníamos que desarrollar un diseño 'no convencional', reducir costos y tener disponibilidad de los componentes necesarios. Como había mucha demanda de respiradores en el mundo, no se conseguían piezas. Así que tuvimos que definir componentes de uso industrial y adaptarlos a uso médico para asegurarnos el stock", comparte.

Para llevarlo adelante, contaron con la ayuda del programa ProPymes, de Techint, que donó horas de ingeniería y acceso a su red de proveedores para poder proveerles de piezas de fabricación local.

A las cuatro semanas, ya habían desarrollado el primer prototipo, capaz de ingresar y extraer aire/oxígeno de un pulmón artificial y eso demostró que la idea era factible.

"Utilizamos componentes que se producían en el país para otras industrias, por lo que se aseguraba la posibilidad de fabricarlo a escala rápidamente. El prototipo fue testeado en la Asociación Rosarina de Anestesiología (ARA), donde concluyeron que era capaz de superar todas las pruebas que el simulador le impuso. Después, construimos un segundo prototipo con interfaz de usuario táctil, sistema de seguridad auxiliar y alarmas, como son los respiradores que se ofrecen actualmente, para facilitar su uso a los profesionales de la salud".

Posteriormente, lo testeron en los instrumentos que tiene la Asociación de Anestesiólogos de Buenos Aires. Las pruebas fueron exitosas y eso permitió avanzar a la etapa final de diseño. El diseño final de Likhen Rod contó con mejoras en seguridad, alarmas y software que completaron las normas exigidas para un ventilador mecánico de uso profesional en las unidades de terapia intensiva.

"Antes de la presentación en la Anmat para su aprobación, se requirió la certificación en tres laboratorios especializados que dieron el visto bueno al equipo que nos permite pensar en el futuro poder expórtalos a los Estados Unidos y a otros países de la región", comparte.

Este respirador tiene el precio más bajo del mercado, unos 500.000, entre 30 a 60% más barato que otros. "Lo estamos comercializando directamente y el foco es la Argentina. También estamos analizando el mercado de México y de Brasil, posibles asociaciones en el corto plazo, y ya hay interesados en Perú y Chile".

El 7 de septiembre se inició el proceso de planificación de la producción. El ensamblaje y el control final de calidad se realiza en Bariloche.

Los primeros tres respiradores fueron donados al Hospital de Las Rosas, uno adicional será donado a la Asociación de Anestesiólogos de Buenos Aires y otro a la Asociación de Anestesiólogos de Rosario, en agradecimiento por la ayuda recibida en el proceso de diseño y control.

De momento, Butto se encuentra concentrado en producir y en ofrecer en provincias, municipios y a organizaciones médicas privadas. "Tenemos muchos para hacer de acá a fin de año. Además, estamos desarrollando el modelo 02 que hace todos los modos ventilatorios, PCV PSV", dice.

De cara a 2021, además de exportar, apunta a desarrollar a escala los sensores. "Durante el proceso de diseño y prueba, desarrollamos un sensor de oxígeno y flujo con una tecnología que no se utiliza habitualmente en el rubro médico y que tiene una gran duración en comparación a la tecnología actual, vemos posibles patentes y una gran oportunidad ahí", dice.

CRÉDITO: 
El Cronista / Ripe