El impacto social y la cadena productiva

Foto EE: Archivo

A pesar de que el emprendimiento social es incipiente en México, éste vive un momento emocionante en el país, opina Armando Laborde, director de Ashoka, quien explica que cada vez más empresas y jóvenes innovadores comprenden que los negocios y la ayuda social van de la mano.

Ejemplo de ello es la labor que realizan compañías como Cemex y Masisa, las cuales han incorporado el apoyo social a su cadena de negocios. El asistencialismo a costa de las utilidades de la compañía da paso a una relación de ganar-ganar con impacto social.

El director para México y Centroamérica considera que, para las empresas tradicionales, cambiar su enfoque de responsabilidad social representará todo un reto. “Generar utilidades no debería ser su único fin, éstas deben ser una consecuencia de cómo se ofrece y satisface la demanda de bienes y servicios”, subrayó.

En cambio, los emprendedores sociales han sabido incorporar a sus modelos de negocios las soluciones a las problemáticas sociales que atienden, lo que les permite generar utilidades sin depender de donativos. Iluméxico, una iniciativa de ocho ingenieros de la UNAM y de la Ibero, que instala paneles solares en comunidades que carecen de éstas.

Estos son dos de los ejes con los que trabaja Ashoka, una organización civil con 30 años de existencia: la búsqueda y apoyo a emprendedores sociales, y el rol que, a su consideración, deben tener las empresas sobre el impacto social.

Ashoka trabaja con el IPADE en la tarea de cambiar el enfoque de la responsabilidad social empresarial. Para ello, recientemente llevó a cabo un evento sobre negocios inclusivos, en el que se expusieron cinco casos de éxitos de empresas líderes que han creado cadenas híbridas de valor en México y América Latina.

“Lo que estamos mostrando con esto es que el impacto social debe estar embebido en el negocio. En la medida que la empresa crece, el impacto social crece, y no está sujeto a ver si la compañía le va bien y si hay utilidades. Negocios inclusivos, le llaman unos; negocios con propósitos dicen otros; cadenas híbridas con valor, el espíritu es el mismo”, subraya.

CULTURA EMPRENDEDORA

El tercer eje del trabajo de Ashoka es impulsar la cultura del emprendimiento social desde las aulas. La asociación ha comprendido la importancia de detonar el emprendimiento desde la juventud de las personas por ello trabaja con universidades y organizaciones que tiene contacto con jóvenes para detonar este tipo de prácticas.

“Para nosotros un emprendedor social es una persona comprometida en resolver un problema social. Algunos pueden ser resueltos con modelos de negocios, otros no. Pero lo que tiene en común todos ellos es que su principal objetivo es solucionar ese problema”, expone.

Destaca acciones como las que lleva a cabo el Instituto Nacional del Emprendedor (Inadem), que está por abrir una convocatoria para emprendimiento social de alto impacto, y la Secretaría de Educación Pública (SEP) que lanzó un programa de iniciación de emprendimiento a nivel bachillerato.

Armando Laborde considera que la generación de los Millenians es la que tiene más arraigada la vocación social, lo que ayuda a que las mismas universidades aceleren sus procesos educativos hacia ese fin.

Finalmente estima que un plazo de cinco años se verán grandes cambios en el tema de emprendimiento social: “Hoy Ashoka batalla para encontrar a 10 emprendedores sociales líderes por año. Pero estoy seguro que en la medida que vaya creciendo su incorporación en las escuelas en cinco años vamos a tener una generación más numerosa y prolífera en ese tema”.

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CRÉDITO: 
Angélica Pineda / El Empresario