El emprendedor que ayuda a los prisioneros

Jorge apoya a presos a tener empleo. Su hermano lo inspiró. Foto: Cortesía

En el 2008, Jorge Montenegro vivió uno de los momentos más difíciles para él y su familia: su hermano fue arrestado en el penal de Puente Grande, Jalisco, donde conoció las situaciones que sufren los reclusos.

Una de las lecciones que aprendió al ver a su hermano en prisión es que muchos de los internos buscan cambiar su vida, por lo que se acercaban a talleres como carpintería, corte y confección o artesanías, siendo ésta última la que inspiró a Jorge a ayudarlos.

Después de cinco años de estar su hermano preso, en el 2015 comenzó un taller de bolsos tejidos con plástico reciclado. Debido a que en la prisión no hay máquinas y muchas herramientas están prohibidas, el producto de los internos se convirtió en un trabajo completamente artesanal, el cual Jorge comercializó por fuera. Así nació su empresa, Massai.

“Mi hermano ingresa y en el periodo de adaptación se da cuenta de que necesita estar ocupado porque los días son muy largos. Nota que hay diferentes talleres pero no se da mucha difusión de ellos. Ahí pensamos en las bolsas”, narró Jorge en entrevista a El Economista.

A sus 22 años de edad, empezó a vender las bolsas en lugares físicos, pero las ventas no eran muchas. Además tuvo la mala experiencia de elaborar, sin pedir anticipo, 20 bolsas que al final fueron canceladas por la compradora. Para moverlas y pagar a los reclusos, trató de venderlas en lugares turísticos y al final intentó en Internet, en Mercado Libre, donde tuvo buena respuesta.

Jorge emprendió para ayudar a los internos a obtener dinero con un trabajo honesto que ayude a sus familias y a cubrir gastos personales.

Un interno tarda de tres a seis horas en hacer una bolsa, dependiendo del modelo, y por cada una obtiene 40% de ganancia. Los costos de las bolsas van de los 100 hasta 300 pesos, unas se venden en línea y otras se las quedan los reos para que las comercialicen. “Yo no las vendo todas”, dijo Jorge.

En promedio, se hacen de 1,000 a 2,000 bolsas por semana y en línea se venden 500 al mes.

Actualmente participan 200 presos y 80% de los compradores son de la plataforma de e-commerce.

No se trata de abusar de ellos, sino de reincorporarse a la sociedad, objetivo que ha logrado porque los internos se sienten más motivados, crean sus propios diseños, trabajan a su ritmo, se sienten productivos y muchos siguen cuando salen, ya sea con Massai o por su cuenta.

Aunque la empresa surgió en el 2015, se formalizó el año siguiente. En el 2017 facturó 60,470 dólares y en estos meses lleva 74,047 dólares, cifra que espera llegar a 79,000 como mínimo para fin de año.

El hermano de Jorge ya salió y tiene una nueva vida, pero sigue siendo parte de Massai, proyecto que continuará porque el emprendedor no quiere dejar de apoyar a quienes perdieron su libertad.

Por su labor, fue semifinalista de Historias que Inspiran, concurso de Mercado Libre que reconoce a los vendedores que usan su plataforma y que les ha permitido crecer.

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CRÉDITO: 
Elizabeth López Argueta / El Empresario