Deudas y pagos de rentas matan a más de 1 millón de negocios

Los sectores de comercio y servicios privados no financieros fueron los que más cerraron. Foto: Shutterstock

Mireya Ruiz Vilar tuvo que cerrar tres sucursales de su restaurante porque no llegó a un acuerdo con los arrendadores

Las deudas, falta de acuerdos con los arrendadores e impagos a proveedores, son algunos factores que han provocado que más de 1 millón de negocios bajen sus cortinas definitivamente durante la pandemia.

De acuerdo con el segundo estudio sobre la Demografía de los Negocios (EDN) 2020, realizado por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), un total de 1,010,857 micro, pequeños y medianos establecimientos, bajaron definitivamente sus cortinas a causa de la pandemia del Covid-19.

El estudio, que recoge datos de mayo del 2019 a septiembre del 2020, detalla que los sectores de comercio y servicios privados no financieros fueron los que más cerraron; sin embargo, nacieron 619,000 negocios.

“¿Quiénes quiebran?, los que están endeudados, los que no llegan a un acuerdo con sus caseros y dejaron de pagar renta”, mencionó en entrevista con El Economista, Giulliano Lopresti, propietario del restaurante Quebracho.

Detalla que “hay algunos que ya quebraron y tal vez no lo saben, porque ya deben seis o 10 meses de renta”, la cuestión es si el casero va a descontar algunos pagos o va a decir que se debe un año de renta más intereses y recargos. Las pymes que han logrado sobrevivir son aquellos que llegaron a un acuerdo con el arrendador de pagar un ocho o 10% de la venta como renta, puntualiza el empresario.

También han quebrado negocios que tenían deudas con proveedores y que se financiaban con ellos. 

En esta situación se encuentra Mireya Ruiz Vilar, empresaria dedicada al sector restaurantero desde hace 29 años. Antes de la pandemia, “La casa de la Yeya" operaba con 10 establecimientos y a un buen ritmo de crecimiento; sin embargo, la falta de acuerdos con los arrendatarios la llevó al cierre dos unidades.

“Pagar la renta completa era inviable. Lo que hicimos fue acomodar a la gente en las demás unidades, por lo que no dimos de baja a nadie en ese primer cierre”, expuso la presidenta de la Canirac en la alcaldía Benito Juárez.

También tuvo que cerrar el centro de producción que fungía como el proveedor de alimentos y prescindió de 18 empleados.

Actualmente hay una cuarta sucursal que está en riesgo, ya que siguen en negociaciones con los arrendatarios sobre el pago de renta.

Giulliano precisa que los datos del Inegi no reflejan la realidad, aunque es lo más cercano a una información estadística, debido a que muchos de los negocios que quiebran no le avisan al estado el cierre del negocio.

Una forma de conocer estadísticas más precisas es cuantificar los cierres que reportan las alcaldías y las Sedecos locales, pero “los empresarios tienen orgullo y no les gusta decir que quebró el negocio”.

Pérdida de personal

Mireya también se enfrentó a la pérdida de personal; después del segundo cierre, muchos empleados, al no poder pagar las rentas habitacionales y no poder mantener sus gastos cotidianos, se mudaron a otras regiones, algunos a sus lugares de origen donde viven con familiares que no les solicitan rentas. De los 200 empleados que tenían antes de la crisis, hoy apenas llegan a 86.

“Muchos empleados se han ido al sector informal o se han metido como repartidores de comida de las plataformas”, indicó.

De acuerdo con el Inegi, el personal ocupado promedio de los establecimientos que sobrevivieron pasó de tres a 2.7 personas. Y la mayoría de los negocios que nacieron en el contexto Covid-19 empezaron con sólo dos empleados en promedio.

“Si cerramos, tendré que despedir a las personas porque ya no tendría en dónde colocar a la plantilla, pero espero que no. En diciembre no paré de llorar porque el recurso humano es lo más importante y aquí todos se han portado extraordinariamente, no quiero recortar más”, expresó.

De tener un tercer cierre de labores, la situación para Las casas de la Yeya sería insostenible, habría mayores pérdidas y riesgo de quiebra, pero de seguir con este ritmo, estima que en tres meses podrá recontratar al personal y equilibrar las ventas; sin embargo, será hasta el otro año cuando podría volver al ritmo que tenían.

CRÉDITO: 
Elizabeth Meza y Elizabeth López / El Empresario