Financiando la operación de la empresa

En el proceso administrativo, una de las funciones que más absorben tiempo del empresario / administrador, es la búsqueda de recursos para financiar la operación y el crecimiento. En el mercado existen múltiples opciones para esto, desde el capital aportado por los socios y las utilidades no distribuidas (recursos propios); los proveedores de bienes y servicios; los bancos, las uniones de crédito; las sociedades financieras de objeto múltiple; las cajas de ahorro; las empresas de empeño y hasta las personas que se dedican a prestar a otros. Éstas son las opciones socorridas por las empresas para obtener financiamiento.

El objetivo fundamental es financiar el capital de trabajo de la empresa, entendiendo éste como los recursos que la operación requiere en el ciclo de la misma; es decir, desde que compramos las materias primas, la producción, el almacenaje, la distribución, hasta el momento en que cobramos la venta.

Hablando del capital aportado por los socios, normalmente éste es aplicado a la inversión productiva; es decir los inmuebles, maquinaria y equipo requerido para llevar a cabo el objeto de la empresa, por lo tanto queda descartado como fuente de financiamiento de capital de trabajo.

Los proveedores son una fuente de financiamiento que es utilizada normalmente. El proveedor está dispuesto a financiar por un período razonable, en tanto el producto es transformado y/o colocado en el mercado, hasta la cobranza. Sin embargo, el costo de la materia prima es solo un componente del costo de operación de la empresa.

Los sueldos y salarios de los trabajadores, así como los impuestos relativos a estos, no son autofinanciables, ya que ningún trabajador ni el fisco están dispuestos a dejar de cobrar puntualmente. Los costos de energía, renta y distribución, así como los gastos administrativos tampoco están dispuestos a financiar a la empresa. Por lo que todos estos componentes de los costos de operación tendrán que ser financiados por otras fuentes de recursos.
Normalmente los recursos propios no serán suficientes para financiar ese ciclo, sobre todo en ambientes de alta competencia y bajos márgenes.

La administración de la empresa tendrá que evaluar los costos (tasas de interés, comisiones y gastos relativos a la obtención de un crédito) de las diferentes opciones y verificar cuál de todas ellas es más conveniente de acuerdo a las características de operación de la empresa.

Así mismo deberá analizar las combinaciones de diferentes tipos de crédito (refaccionario, habilitación y avío, cuenta corriente o quirografario, etc.) con sus características para financiar cada paso de la operación y de esta manera hacer una combinación que reduzca el costo financiero para la empresa.

En esos análisis deberá tomar en cuenta las expectativas económicas, ya que los cambios no contemplados en la misma pueden llevar a un incremento en el costo del dinero para la empresa y perjudicar el margen de utilidad para la misma.

Se debe tomar en cuenta también qué proporción de los créditos (incluyendo las cuentas con proveedores) están contratados en moneda extranjera y contemplar los riesgos de cambios abruptos y no considerados en los tipos de cambio.

No sobra contemplar la posibilidad de contratar coberturas de tipos de cambio y tasas de interés con objeto de proteger a la empresa contra esos cambios abruptos. El costo de las mismas deberá adicionarse al análisis de costo del crédito para tomar la decisión correcta.