Panadería La Superior hornea su crecimiento

Archivo/Eleconomista.mx

En 2011, la SE reconoció los más de 100 años que lleva operando

Durante 108 años, en la capital de San Luis Potosí, Panaderías La Superior ha logrado sobrevivir el embate del tiempo, los vaivenes del mercado, la competencia trasnacional y las políticas públicas desfavorables para el sector.

José Coulón Macho, heredero de una larga tradición familiar y dueño de La Superior, recuerda que, con el paso de las décadas, el negocio ha prevalecido, al adaptarse a las exigencias técnicas del mercado, mientras que la calidad y tradición le mantienen en el gusto de los potosinos.

Aunque actualmente cuenta con 17 sucursales y emplea a alrededor de 300 trabajadores, La Superior no ha sido ajena a los fracasos y a los tiempos difíciles, dice el empresario.

Una historia de vida

En 1904, el ciudadano francés Emmanuel Coulón, abuelo de José Coulón, decidió fundar la panadería La Parisiense en la planta baja de su hogar, en la colonia Centro, después de viajar en diferentes barcos mercantiles por América Latina. De Argentina aprendió el español y de la vida en alta mar el oficio de panadero.

Coulón Macho comparte que su abuelo, persona curiosa y emprendedora, logró posicionarse entre el gusto de la clase alta potosina gracias a su panadería estilo francés durante la cúspide del Porfiriato.

Tras la muerte de Emmanuel Coulón, a mediados de la década de los 20, su hijo Eduardo Coulón tomó la tutela del negocio y amplió la oferta a no sólo pan blanco, sino también a una gama de repostería fina.

En 1948 decidió arriesgarse e iniciar una fábrica de pan de caja. Aunque innovador en el estado, el producto no fue bien recibido en su tiempo por los consumidores, lo que forzó a don Eduardo, al borde de la quiebra, a rentar La Parisiense a un agente externo, la cual regresaría a la tutela de la familia Coulón años más tarde para seguir con su crecimiento.

La primera sucursal

Con capital ahorrado en los tiempos de bonanza, el padre del entrevistado decidió abrir la primera sucursal de La Superior en los albores de la década de los 50, mientras rentaba su primer negocio, para así recuperase del fracaso empresarial.

Ya en los controles y al lado de su padre, en 1967 José Coulón Macho vio la necesidad de modernizar los procesos productivos, que hasta ese momento se mantenían en un nivel artesanal, y decidió comprar maquinaria moderna, en tanto que abrió una segunda sucursal al año siguiente.

José Coulón manifiesta que, durante la década de los 70, el subsidio federal a la harina mantenía un régimen de control por parte del gobierno, el cual monitoreaba y repartía el abasto de la materia prima y limitaba así los márgenes de ganancia de las empresas panificadoras.

"Fueron años muy difíciles porque el panadero industrial no era bien visto, era auditado constantemente, además de que si querías más harina, la tenías que comprar a precio de mercado y no podías competir”, recuerda.

Mientras que en los 90 falleció Eduardo Coulón, durante el principio del siglo XXI -narra- fue cuando el arribo de las cadenas de supermercados vino a plantear una férrea competencia, ya que éstas ofrecen el pan a precios inaccesibles para negocios como el de la familia Coulón; sin embargo, la apuesta de la empresa para competir se mantuvo en el valor agregado que ofrecía una producción de calidad y amplia historia.

Reconocer permanencia

A finales del año pasado, la Secretaría de Economía (SE) le reconoció a La Superior su trayectoria como empresa centenaria en San Luis Potosí, mientras que se destacó “su capacidad para saber cumplir con esmero las exigencias y los gustos de los clientes, pues les ha tocado vivir diferentes transiciones generacionales”, en palabras del entonces vicepresidente del Consejo de Desarrollo Económico del estado, José Juan González.

Coulón Macho dice que actualmente el panorama pinta de manera promisoria, mientras que entre los planes no está el abrir nuevas sucursales, pretenden continuar consolidándose en cualquier parte del país.

"Estamos concentrados en mejorar nuestra imagen de negocio y replicarlo cuantas veces sea posible y, desde luego, replicable en cualquier lugar”, concluyó el entrevistado.

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CRÉDITO: 
Erick Ramírez, El Economista