Ackerman pisa firme en mercado de lujo

Foto EE: Luis Miguel González

Armando Martín Dueñas, el zapatero del Papa, está dando la pelea en el exclusivo mercado de lujo

Armando Martín Dueñas está de pie en medio de tres pares de zapatos. Uno de ellos es de color vino tinto y le ha dado la vuelta al mundo: es el que usa el Papa emérito Benedicto XVI. Su empresa, Ackerman, estuvo un rato en los reflectores, luego que el Papa anunció que usaría zapatos mexicanos.

“Tras el primer impacto, pasaron muchas cosas: los zapateros italianos que habían hecho los zapatos de otros papas quisieron descalificarme. No lo consiguieron…Hace poco me reuní con el presidente de la Cámara del calzado de Italia. Hay un proyecto para hacerles zapatos, desde Guanajuato”, comenta.

Ackerman tiene una fábrica con 85 empleados. Está ubicada en León, Guanajuato y produce 300 pares diarios, alrededor de 85,000 por año. “El método de producción es una combinación de técnicas que se empleaban hace cien años en Europa, con la tecnología actual. En total hacemos 63 procesos. En algunas cosas, el lujo tiene que ver con darle tiempo a la piel o al zapato. La tecnología no puede hacer las cosas mejor que el tiempo”.

El empresario comparte uno de sus secretos: “Hay que buscar la tecnología que haga lucir más la parte del proceso que haces a mano”.

Dueñas se hace cargo del diseño, junto con otros tres colaboradores. Cada trabajador produce siete pares diarios, en promedio.

“Cuando vas al mercado de lujo, se necesita crear una cultura interna. Hacerle ver al trabajador que está haciendo algo muy especial, que tiene que poner mucho más cuidado. En ese sentido, ayudo mucho también en lo interno el saber que estamos haciendo los zapatos del Papa”.

La empresa realiza la promoción de su producto en ferias internacionales de Europa, Estados Unidos y Asia. “Es complicado promover una marca de lujo mexicana”. Es difícil en México y fuera del país, enfatiza.

“Tenemos la calidad, pero no nos la creemos y eso hace que no nos la crean”. Ofrece una anécdota: “un cliente en Italia quería hacerme un pedido, pero me pedía esconder el hecho en México. Me negué y fue una buena decisión. Es un camino más largo pero a la larga es mejor”, sostiene.

LA INTERNACIONALIZACIÓN

Armando Martín Dueñas pertenece a una familia de tradición zapatera. En algún momento decidió ponerse a prueba él mismo y salir del nicho familiar. “Mi familia hace zapato de dama. Aprendí mucho de la empresa familiar, pero quería hacer otra cosa”.

El nombre de su empresa es un homenaje al zapatero italo-alemán que le enseñó los secretos del calzado fino. La marca ha recorrido un largo trecho en los doce años que han pasado desde su primer par.

“Ya tenemos un lugar en las tiendas departamentales de lujo de México y también empezamos a crecer en Guatemala, Costa Rica, Colombia, Perú y Chile. Ayudan los tratados de libre comercio, los costos del transporte y hasta el tipo de cambio. Yo hago un zapato que compite en calidad con marcas que valen más de 700 euros. Mis zapatos están debajo de los 200 euros”.

Competir en un mercado de alto valor exige muchos sacrificios, pero abre otro horizonte: “en primer lugar tienes acceso a mercados internacionales, donde pueden pagar precios que reconocen el valor de tu producto y te dan un margen interesante. Te coloca en otra liga donde no tienes que competir con los productos de bajo costo. Antes venían de China y ahora pueden venir de cualquier lado”.

Como empresario que radica en Guanajuato, observa que hay un círculo virtuoso en lo que está haciendo la industria automotriz en el Bajío: “automóviles que están hechos en México tienen prestigio y parte de esa buena reputación irradia a otras industrias”.

Reconoce que el horizonte de su empresa está determinado, hasta cierto punto, por el desarrollo y la aceptación de la marca México, sin embargo ve un futuro promisorio.

“Tenemos todo para ser una potencia en el mercado de lujo: hay tradición artesanal, creatividad y acceso a las mejores materias primas y a las mejores tecnologías”, pero subraya: “necesitamos unirnos, nadie puede hacerlo solo”.

Finalmente, el industrial habla de las aspiraciones para su firma: “quiero que la marca Ackerman empiece a ser reconocida en el mundo, igual que otras marcas de Italia o Francia. También aspiro a que los mexicanos conozcan mis zapatos y estén orgullosos de ellos. Ahí dice Hecho en México”

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CRÉDITO: 
Luis Miguel González / El Empresario