Clúster: Modelo de negocios (tercera parte)

En el artículo anterior puse como ejemplo de productividad en México a los clústeres del Nuevo León, que funcionan a través de una o varias empresas tractoras rodeadas de empresas medianas, pequeñas y micros (mipymes).

Bajo este esquema, las empresas tractoras tienen proveedores directos llamados tier 1, que a su vez se abastecen de sus propios distribuidores formando así la cadena de suministros hasta un nivel tier 2, 3 y 4 (proveedores de proveedores), lo que apunta a un incremento de productividad por empresa y sectorial como modelo de negocios.

Un ejemplo internacional de éxito de formación de cadenas de valor lo representa el “Clúster de la Moda”, de Bogotá, en Colombia. El caso que está documentado y valdría la pena analizar para su adaptación en México, entre otras razones, por la gran cantidad de pymes que incorpora.

De entrada, el concepto de “clúster de la moda” resulta interesante ya que hace alusión no sólo a un solo sector de la economía, sino a un conjunto de industrias que hacen sinergia entre sí hasta crear un concepto global de marketing. Dicho clúster está integrado por empresas que se pueden aglutinar en a todo aquello que se entienda como moda en el vestir:

  • Textil
  • Confección
  • Cuero
  • Calzado
  • Joyería
  • Bisutería

De esta forma se crean productos en torno a un mismo concepto: vestidos, camisas, pantalones, zapatos, chamarras, suéteres, abrigos, accesorios, joyería, etc. Es aquí donde se les da entrada a diferentes empresas ya establecidas y desde luego un campo interesante y fértil para los emprendedores.

El clúster surge bajo el principio de la triple hélice, es decir con la participación del gobierno en sus diferentes niveles, los empresarios y las universidades. La columna vertebral de este clúster lo constituye la creación de un Centro de Diseño quien investiga las tendencias de la moda a nivel internacional para, posteriormente, a través de cursos de capacitación a sus socios, se desarrollen productos en base a la innovación, de acuerdo a los gustos, tendencias y preferencias del consumidor ya sea nacional e internacional.

En este modelo colombiano, al incorporarse una gran cantidad de pymes se combina el arte manual, por ejemplo en joyería y bisutería, con materiales propios incorporando innovación tecnológica. Este centro de diseño también provee información y contactos a sus socios. El mismo clúster organiza ferias internacionales para dar salida comercial a todos los productos de sus agremiados. En resumen, el modelo es un motor de generación de empleo formal y de productividad.

La experiencia es importante para México ya que tenemos sectores económicos como muebles, textil, producción de zapatos, artesanías, entre otros, en donde las pymes trabajan de manera aislada: es muy complicado para una pyme por sí sola conocer las tendencias de su sector, innovar y crear nuevos productos.

Lo anterior viene a colación si tomamos como ejemplo el 5° Congreso Mundial del Calzado celebrado en León, Guanajuato, los días 24 y 25 de noviembre del presente. En este evento, diferentes especialistas argumentaron que la rentabilidad de las empresas no está en vender cantidad, sino darle valor agregado al producto a través de calidad y diseño, es decir, vender moda. Dicho de otra forma, la estrategia para las empresas del calzado en México es la diferenciación del producto a través de la moda.

En el mismo evento, William Wong, vicepresidente de la Asociación de Calzado de Hong Kong señaló que “cualquier empresa que aspire a entrar al mercado asiático tendrá que hacerlo con calidad y no con precios bajos: el costo del calzado en China sigue siendo muy barato, nunca se podrá ingresar al mercado chino por precio”. Lo mismo es válido para el mercado europeo o de Estados Unidos, inundados por exportaciones chinas.

En los ejemplos citados de México (primer artículo) y Colombia (en este segundo artículo) está claro que las pymes pueden trabajar bajo un concepto de productividad: una pequeña empresa no tiene que ser, por definición, sinónimo de ineficiencia. Solo hay que recordar que en Alemania el 90% de las empresas son pymes.
¿Por dónde empezar?

La sugerencia es la conformación de clústeres como política de desarrollo industrial en México, eligiendo zonas geográficas específicas para el fomento económico de acuerdo a su vocación. Es decir, reproducir los modelos de éxito que tenemos en Nuevo León. Un ejemplo sería la conformación del clúster del mueble y decoración de interiores que podría desarrollarse en varios estados en la zona centro de México. En la zona sur existe potencial para la formación del clúster de flores y plantas de ornato, por solo citar algunos ejemplos.

Es necesario el trabajo arduo y coordinado de los 3 integrantes de la hélice. Cito a manera de ejemplo:
Gobierno. Creación de centros de diseño e información sectorial en favor de los empresarios; incorpora a la banca de desarrollo con productos financieros a modo a las pymes.

Empresas. Elaboración de planes de negocios de acuerdo a las expectativas del clúster; implementación de modelos de calidad total para disminuir desperdicios y reprocesos a través de metodologías de six sigma y similares.

Universidades. Cambio en el modelo tradicional de aprendizaje: incorporar de manera efectiva a sus estudiantes al mercado laboral y a emprendedores con metodologías duales de educación que permiten y faciliten la vinculación de la teoría y la praxis desde el inicio de su formación.

En conclusión: la posibilidad de crecimiento de México a tasas del 5% del PIB o superiores para los próximos años está condicionada por la trasformación y formación de pymes que trabajen bajos criterios de productividad y competitividad. Solo así podremos abatir, no eliminar, el problema del desempleo e informalidad que tanto daño ocasionan al país. De aquí la importancia del tema tratado.

El autor es director sede Cuernavaca de la Universidad Interamericana para el Desarrollo.
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