Importancia de fomentar la cultura emprendedora en la infancia

El emprendimiento es, hoy en día, un tema común.

Cada vez escuchamos más sobre los esfuerzos, tanto del Gobierno como de empresas privadas de consultoría, por desarrollar emprendedores, fomentando así la creación de nuevas empresas, pero el problema de la corta vida de las compañías nacientes continúa.

Los emprendedores abren negocios con gran ilusión y los cierran a unos cuantos años o meses de haber abierto.
Después de grandes esfuerzos, estos emprendedores abandonan el sueño, no por falta de conocimientos sobre gestión empresarial, sino por falta de cultura emprendedora.

La cultura emprendedora es lo que hace la diferencia entre el éxito y el fracaso de una empresa.
Si bien es importante tener conocimientos teóricos e iniciar con un determinado capital, saber emprender va muchos más allá. Está más relacionado con una fortaleza interior que debe desarrollarse desde edades tempranas.

Muchos hijos de emprendedores realizan esta actividad de manera natural, y lo hacen porque vivieron desde siempre bajo el marco de una cultura emprendedora, otros emprenden y adquieren, sobre la marcha, la fortaleza necesaria para hacerlo; pero la única forma de incrementar verdaderamente el número de emprendedores que den continuidad a sus negocios a largo plazo es desarrollar la cultura emprendedora desde la infancia.

Emprender significa “empezar algo”, y esto requiere de una serie de competencias que mientras más temprano se aprendan, más se desarrollarán.

Aprender a perseverar, a perseguir sueños con responsabilidad, a persuadir, a tomar decisiones, a comunicarse en forma efectiva, a negociar y a solucionar problemas, son habilidades que, cuando se aprenden desde la infancia, permanecen para siempre.

Desarrollar la creatividad, la tenacidad, la perseverancia, la autoconfianza y la capacidad de liderazgo debe hacerse a edades tempranas si queremos que sean parte de la cultura de una persona.

Estas competencias son las que se requieren para emprender en la vida adulta.

Los niños emprendedores las practican y aprenden a confiar en ellos mismos. Pierden, desde pequeños, el miedo a enfrentarse al cliente, a luchar por sus sueños y a seguir adelante a pesar de los retos que pueda imponerles el mercado. De esta forma, al crecer, se saben capaces de llevar con éxito una empresa. Saben que los negocios no siempre funcionan a la primera, que hay que luchar mucho para triunfar en un entorno de alta competencia y que hay que perseguir los sueños, no por un rato, sino hasta que éstos se vuelvan realidad, siempre confiando en uno mismo.

¡Un niño emprendedor lo sabe, y con la seguridad que adquiere mediante el emprendimiento infantil podrá hacer en la vida todo aquello que se proponga!

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