La administración y la inversión productiva

Cuando el empresario administrador u otro administrador de cualquier entidad toman la decisión de iniciar una nueva actividad productiva, tiene que llevar a cabo una serie de actividades dirigidas.

Usualmente, lo primero es elaborar un plan de negocios, documento con todos los elementos de viabilidad de esa nueva actividad que quién lo propone crea relevantes para poder convertir ese proyecto en realidad. Normalmente contendrá, entre otros aspectos, los siguientes:

  • Una descripción de la actividad y la forma de llevarla a cabo.
  • Una declaración de las oportunidades y riesgos que conlleva esa nueva actividad, con objeto de conocer todos los pros y contras del proyecto, y cómo se aprovecharán esas oportunidades, y como se enfrentarán los retos.
  • Un presupuesto de ingresos y gastos de operación que, de forma sustentada y realista, describa los flujos de efectivo que el proyecto generará y utilizará, así como los rendimientos que producirá.
  • Un presupuesto de inversión, que juntamente con el presupuesto de operación, de una clara vista del retorno que dichas inversiones tendrán.
  • Un plan de capitalización para financiar el proyecto en donde se describan las fuentes de los recursos y sus costos.

Es el cuarto en el que en este artículo nos centraremos.

Para poder operar, cualquier entidad requiere de recursos financieros, recursos materiales y recursos humanos. Los primeros dos se vuelven los activos de la empresa, el tercero es lo que entendemos como capital humano, que solamente es reconocido en los registros contables y la información financiera, cuando de registran las obligaciones laborales.

Las entidades tienen activos que servirán para cumplir con sus objetivos. Esto quiere decir que desde el efectivo que se tiene en caja, pasando por las cuentas por cobrar y los inventarios, y terminando por todos los activos no circulantes sean estos tangibles o no.

Los activos tangibles pueden ser desde bienes inmuebles, dónde estén sus instalaciones productivas y oficinas, pasando por la maquinaria y equipo necesario para la producción y terminado por el equipo de transporte para distribuir el producto final de la entidad o para prestar los servicios que sea que preste.

En el caso de los activos intangibles, normalmente tendremos patentes, marcas, fórmulas y en general conocimiento exclusivo de la entidad que le sirve para producir y/o prestar servicios.

Por lo mismo, todos los activos tienen el propósito de contribuir a el cumplimiento de los objetivos, y por lo mismo todos los activos son adquiridos o desarrollados con ese propósito.

Todas las inversiones en activos no circulantes, tangibles o intangibles, con ciertas excepciones, deberán ser amortizados en el tiempo que contribuirán en el cumplimiento del objetivo de la entidad.

Cuando un activo no contribuye a lograr los propósitos de la entidad, entonces se considera un activo no productivo, normalmente, reflejado en muebles de oficina u otros que no deberían tener relevancia en la inversión total. Cualquier activo de importancia que sea desarrollado o adquirido que no contribuya al cumplimiento de los objetivos de la entidad, entonces es un desvío de recursos que debe evitarse.

Si un activo pierde su capacidad de contribuir al cumplimiento de los objetivos de la entidad, entonces consideramos que ese activo tiene un deterioro, y no es que deje de funcionar mecánicamente, sino que ya no es productivo. Esto puede ser provocado por cambios en tecnología, cambios en el mercado o desaparición del mismo. Cuando el deterioro sucede, entonces la entidad debe evaluar el cambio en el valor reconocido de ese activo y hacer los ajustes necesarios en su información financiera para reconocer dicha situación.