La administración de los riesgos financieros

Una de las tareas del administrador de cualquier entidad, es buscar la mejor manera de eficientar los flujos de efectivo de la misma para contar con más recursos a fin de tener una mejor posición en su capital de trabajo.

Una de las formas de lograr lo anterior es mediante el aprovechamiento de los excedentes de efectivo en inversiones que ayuden a la entidad a obtener un rendimiento adicional, y así fortalecer los flujos y en consecuencia el capital de trabajo.

Lo mismo es aplicable al ahorro de las personas, sea el fin de este para mejorar la posición de los fondos de retiro o para obtener algún rendimiento inmediato para atender necesidades presentes.

Las alternativas de inversión van desde depósitos a plazo en el banco, bonos gubernamentales como pueden ser los CETES o los bonos del tesoro de Estados Unidos, instrumentos de deuda de empresas, acciones de empresas que cotizan en bolsa u otro tipo de instrumentos como pueden ser opciones, futuros u otros instrumentos derivados.

Normalmente se dice que los depósitos bancarios son los instrumentos más seguros, y que por lo mismo son los que pagan el menor rendimiento (algunos eventos desafortunados, nos han demostrado que eso no es totalmente cierto). También la creencia general es que el nivel de rendimiento está en relación directa al nivel de riesgo, es decir que, a mayor rendimiento, mayor riesgo. Aún que es una regla que normalmente se cumple, también existen excepciones.

Todo lo anterior, nos lleva a concluir que en la toma de decisiones en relación con las decisiones para invertir los excedentes de efectivo (o los ahorros), debemos llevar a cabo un análisis de riesgo. Es decir que debemos efectuar un análisis de riesgos financieros y que esto debe ser parte de la administración de riesgos en la entidad o en la vida del individuo.

Lo primero que debemos de tener en cuenta es que la avaricia y otras actitudes afines y similares, son el peor enemigo de la buena administración de riesgos, ya que cuando se salen de control, pueden llevar a tomar malas decisiones.

El sistema de administración de riesgos dentro de una entidad (como ya hemos visto en artículos anteriores) se divide en riesgos operativos, legales y financieros.

Los financieros pueden dividirse en riesgos de mercado, de crédito y de liquidez.

El riesgo de mercado es aquel al que se enfrenta la entidad o el inversionista por variaciones en el precio de mercado de el instrumento de inversión, sea este por la tasa de interés, inflación, tipos de cambio o la volatilidad en el precio del instrumento o de los bienes subyacentes. Este riesgo es generado por factores externos a la entidad o al individuo.

El riesgo de crédito es aquel que enfrenta la entidad por la posibilidad de que la contraparte no cumpla con las obligaciones establecidas en el instrumento, como es el pago de intereses o la amortización del principal.

El riesgo de liquidez es aquel que tiene la entidad de que la contraparte no cumpla con sus obligaciones por la falta de recursos líquidos. Así mismo, se refiere a la imposibilidad de la entidad de transformar un activo de inversión en dinero en efectivo, o que al realizar esto, se sufra una pérdida excesiva.

Todos los tipos de riesgos, deben ser previstos y monitoreados por la entidad, así como los factores que les dan origen con el fin de reducirlos al nivel aceptable por la administración y aprobado por el órgano de gobierno de la entidad, en función con el apetito al riesgo que ambos niveles compartan.