Las mujeres y la administración

Antes que nada, quiero dedicar este artículo como tributo a todas las mujeres con las que he tenido la fortuna de interactuar en mi desempeño personal y profesional. Muchas de ellas están entre las personas que puedo contar como mis mejores amigas.

Por lo tanto, hablaré sobre mis experiencias con las mujeres que tienen puestos de liderazgo en la administración con las que he tratado y sin querer compararlas con los hombres, cuáles son aquellas características que en muchos casos las hacen sobresalir.

Por supuesto, al igual que en los hombres, existen mujeres más estudiadas, disciplinadas y dinámicas que otras, el éxito depende primordialmente de esos aspectos y no del género.

Las mujeres son diferentes a los hombres en muchos aspectos, desde las claras diferencias biológicas, hasta todos aquellos aspectos en los que tienen mejores habilidades que los hombres. Indudablemente, también tienen perspectivas del mundo y de las situaciones que la mayor parte de las veces hacen que podamos cambiar de opinión cuando nos lo hacen saber.

Dentro de las teorías de la administración, no existen diferentes aspectos o técnicas para mujeres de aquellos que existen para los hombres; sin embargo, las diferentes habilidades y perspectivas que tienen les dan herramientas que les permite alcanzar mejores resultados.

Empezando por la planeación, las mujeres son mucho más detallistas que los hombres y eso hace que sea más difícil que pasen por alto asuntos relevantes que parecen insignificantes. Al considerar diferentes alternativas, son más prudentes con el riesgo y pueden visualizar mejor los impactos negativos que puedan tener esas otras alternativas. Por lo anterior, y porque son menos tolerantes al riesgo y al error, tienen una perspectiva de mayor vigilancia y prudencia a dichos aspectos.

En el trato con las personas, podría pensarse que son más proclives a ser manipuladas; sin embargo, en mi experiencia desde un punto profesional, esto no sucede, ya que tienen mejores habilidades para juzgar a las personas y sus intenciones, por lo mismo pueden determinar de una mejor manera la conformación de equipos de trabajo que funcionen de una manera eficiente.

La capacidad que tienen las mujeres de supervisar es otro aspecto que normalmente es superior al del hombre promedio. Tiene mejor manera de transmitir conocimientos y experiencias que los hombres. Éstos normalmente no comparten las experiencias de éxito, más bien presumen; las mujeres comparten los detalles de sus éxitos y sus fracasos, de tal manera que comparten el aprendizaje. Son más dedicadas al dar seguimiento a los asuntos de sus áreas, y por lo tanto, pueden detectar errores con mayor oportunidad, así como estar al tanto de las acciones de sus subalternos.

En artículos anteriores hemos hablado que para alcanzar mejores resultados, es necesario tomar las experiencias y reconocer los errores, a fin de corregir el camino y tomar nuevas experiencias de lo sucedido. Las mujeres, como ya mencionamos, no solamente aprenden de las experiencias propias, también de las de sus colegas, por lo que conforme comparten y ganan experiencia, tienden a incurrir en menos errores.

Es más difícil que el negocio de una mujer fracase por las razones anteriores, y además porque, cuando están enfocadas, cuidan mejor los recursos y los aplican en aspectos indispensables del negocio, rehuyendo todos aquellos cuyos objetivos no son claros.

Por todo lo anterior, repito mi tributo a todas las mujeres que se dedican a algún aspecto de la administración de entidades, desde empresarias, presidentas y directoras, hasta cabezas de negocios personales y familiares