¿Es el Covid-19 el único virus que afecta la economía?

No voy a analizar los efectos que la pandemia de Covid-19 ha dejado en la economía. Tampoco voy a hablar de enfermedad biológica alguna, cualquiera que sea la causa. Sin embargo, quiero hacer mi reconocimiento a todos aquellos que, ante tal emergencia, se arremangaron y se pusieron a trabajar tanto en la atención de todas las víctimas como en la búsqueda de curas a esta terrible enfermedad.

En realidad, he venido reflexionando las últimas semanas de otro tipo de virus que nos ha afectado a toda la sociedad, y este es el virus del miedo. Siendo esta columna dedicada a los administradores y empresarios que administran sus negocios, quiero hablar de la forma en la que el miedo se ha venido apoderando de las empresas y los emprendedores, y este fenómeno no ha surgido a partir de la pandemia del Covid-19, ya creo que tiene años gestándose.

El diccionario de la Lengua Española de la Real Academia Española, define la palabra miedo como: 1. Angustia por un riesgo o daño real o imaginario; y 2. Recelo o aprensión que alguien tiene de que le suceda algo contrario a lo que desea. Las dos definiciones quedan bien al tema que quiero mencionar.

Si tomamos la primera definición, es la sensación de que algo malo puede suceder, o sea que corremos el riesgo de que nos suceda algo, sea este riesgo real o imaginario. Es en este momento que la persona que lo sufre genera un sentimiento de aversión al riesgo. Por otro lado, si el riesgo es imaginario, la persona que lo siente tiene un problema psicológico que tiene que atender, si es real, la persona tiene que empezar a analizar el riesgo y ver la forma de mitigarlo.

En la segunda definición, habla de la posibilidad de que los planes establecidos no se cumplan. En este caso, el requisito es que haya un proceso de planeación, porque, de otra manera, son solamente deseos, y los deseos, cuando menos los de los adultos, normalmente no se cumplen.

Dicho todo lo anterior, el gran problema que tenemos hoy es el miedo que existe entre algunos empresarios e inversionistas de que sus planes no se cumplan, o que las cosas no sucedan como ellos quieren, todos tienen razones para sentirse así. Algunas razones pueden ser reales u otras solamente imaginarias, creadas por el subconsciente colectivo hoy en día representado principalmente por las redes sociales.

Al respecto la primera tarea de un administrador de cualquier tipo de entidad reside en separar la realidad de la fantasía, para esto tiene la obligación de verificar los datos recibidos en fuentes confiables, sean estas autoridades, instituciones reconocidas, o bibliografía de estudios avalados por universidades o instituciones dedicadas a la recopilación seria de la información.

Una vez logrado lo anterior, deberá determinar el grado real en que la situación de riesgo puede afectar a la entidad que dirige. Por ejemplo, algún cambio a leyes o cualquier otra regulación. En este caso, tendrá que llevar a cabo un análisis realista de las probables repercusiones que pudiera tener en la entidad, la mayor parte de las veces, los efectos de dichos cambios son marginales para la mayoría, afectando mayormente a algún sector que hubiera sacado provecho de la situación no regulada.

Una característica del empresario es la capacidad de tomar riesgos para generar negocios. Un buen empresario, tiene la capacidad de analizar los riesgos y tomar medidas de mitigación con el objetivo de que sus planes se cumplan. Un excelente empresario se adelanta y prevé los sucesos que puedan afectar a su empresa, mitiga riesgos y aprovecha oportunidades. Un mal empresario, se deja vencer por el virus del miedo y cierra sus puertas. ¿Podemos curar ese virus?