Al mal tiempo, buena cara

Mi abuela, al igual que las de muchos de los que leen estas líneas, estaba llena de refranes. Vivió 92 años y vio todos los cambios del siglo XX. Nació en provincia, perdió a su mamá a los 9 años quedando como la mayor de cinco hermanos, cuatro mujeres y un hombre, el menor, estudió en un internado de monjas en el extranjero durante la revolución.

Se casó a los 27 años y tuvo a su única hija a los 30 años. Enviudó a los 58 años, se dedicó al comercio vendiendo ropa a las señoras que conocía y de eso y la pensión que recibió después de la muerte de su esposo se mantuvo el resto de sus días. Ayudó a su hija a criar a sus seis hijos y sus últimos cuatro años padeció demencia senil. 92 años de vida en un párrafo. Su vida fue difícil, pero cuando se empeñaba en sacar algo adelante, lo lograba. Estoy seguro de que todos tenemos a algún antecesor así en nuestra familia, sino no estaríamos donde estamos.

Cuento lo anterior en una columna dedicada a la administración, por que ella era una persona que estaba llena de consejos, derivados de la sabiduría que da la edad. Los daba y repartía con generosidad, pero también con frialdad. No le preocupaba ofender a las personas cuando los daba, otro privilegio que otorga la edad.

Uno de los principales consejos que me daba era que en la vida debía ser constante y persistente. Ella admiraba a la gente de éxito, no por su dinero, sino por que consideraba que lo que lograban era derivado de la constancia y de la persistencia. Por lo mismo despreciaba al que no lo era. Estaba convencida de que todo se basaba en la responsabilidad individual y la forma en que cada quién aprovechaba las herramientas que la vida le daba. Admiraba a ricos y a pobres por lo que lograban, no por lo que tenían.

Hoy en día veo empresarios que tienen esas características y están saliendo adelante. También veo a aquellos que se han dado por vencidos, pensando que son víctimas de las circunstancias, creo firmemente que siempre hay una manera de salir adelante. Puede haber negocios fallidos, pero no debe haber personas fallidas. En todos los artículos que he escrito, el mensaje que he querido enviar es precisamente, que una vez que nos caemos, debemos tomar todo lo que hemos aprendido de eso, levantarnos y seguir adelante - “constancia y persistencia”.

Es muy probable que siempre haya alguien dispuesto a ayudar al prójimo a levantarse. Nadie lo hace de manera gratuita, desde aquel que otorga un préstamo y espera cobrar su dinero con intereses, hasta aquel que lo hace para que la comunidad, la sociedad y el país, sean un poco mejor. Pero también, la gente va a ayudar a aquel que, no solamente quiera ser ayudado, sino que también demuestre que va a sacar el máximo provecho de la ayuda para seguir adelante. Es muy probable que la gente que quiere ayudar deje de hacerlo a aquel que no busca superarse y salir adelante, a estos se les considerará abusivos.

El concepto moderno de la administración es buscar el mejor desempeño de las entidades al menor costo y con un sentido social, es decir que las empresas deben ver más allá de las ganancias para apoyar a la sociedad para desarrollarse conjuntamente. Conforme la sociedad en su conjunto progresa, las empresas también lo hacen y viceversa. En épocas de dificultades económicas y las proyecciones son más bien bastante pesimistas, este es un concepto que tiene poco arraigo; sin embargo, también es en estas épocas cuando la solidaridad surge y el apoyo al vecino y al colega, se vuelve más fuerte.

Mi consejo a todos los pequeños y grandes empresarios es que, en estos malos tiempos, pongamos buena cara y contemos las ventajas y capacidades que tenemos antes que los problemas, ya que de esta manera encontraremos más rápido las soluciones.