Pasos para lograr tus metas financieras

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Tener claro que estás ahorrando es el primer avance para cumplir tu objetivo

(Primera de dos partes)

Cuando hablamos de metas financieras, estamos hablando de objetivos muy concretos dentro de nuestro plan de vida. En otras palabras: ¿Para qué estamos ahorrando e invirtiendo nuestro dinero? ¿Qué queremos alcanzar?

Es decir, metas ligadas a nuestras inversiones. En este sentido, estamos asumiendo que las personas están libres de deudas (salvo hipoteca) y tienen el resto de su plan financiero en orden.

Una vez hecha esta aclaración, a continuación presentamos una serie de 12 pasos que nos permitirán alcanzar esas metas financieras que nos hemos fijado:

1. Ponerlas por escrito.

Nuestros objetivos deben estar muy claros. Por ello es importante ponerlos siempre por escrito, en papel y lápiz, de nuestro puño y letra, y tenerlos siempre en donde podamos leerlos día con día. Uno no puede alcanzar sus metas si no sabe cuáles son y si no actúa de manera consistente para alcanzarlas.

2. Determinar una estrategia de inversión con base en nuestras metas escritas.

Invertir es mucho más que comprar una serie de instrumentos de inversión, con base en lo que creemos adecuado. Invertir es diseñar toda una estrategia que se adapte a las metas que hemos escrito: debemos tomar en cuenta el horizonte de inversión que tenemos para cada una de ellas, nuestra tolerancia al riesgo, etc.

3. Tener el resto de nuestro plan financiero en buen orden.

Uno no puede pasar tiempo evaluando en qué papeles invertir si por otro lado tenemos acumulada una deuda enorme que se está comiendo, con base en los intereses generados en contra nuestra, cualquier ganancia que podríamos obtener de nuestras inversiones y que además está mermando día a día nuestro patrimonio. Por ello, antes de pensar en invertir, debemos asegurarnos de que nuestra situación financiera es sana: de lo contrario mejor concentrémonos en pagar nuestras deudas primero y luego en invertir.

4. Comenzar por el principio.

Cuando uno recién comienza a adentrarse en el mundo de las inversiones, debe empezar por el principio: de los instrumentos más sencillos hasta los más sofisticados.

Comencemos invirtiendo en papeles seguros, con poca volatilidad, como pueden ser sociedades de inversión en instrumentos de deuda de corto plazo. Aprendamos, preguntemos, veamos la cartera del fondo de manera periódica, tratemos de entenderla, leamos. Poco a poco, dependiendo de nuestro horizonte de inversión, pasemos a fondos de mediano y largo plazo. Luego probemos en otras monedas.

Cuando estemos listos a pasar a inversiones más rentables, pero más volátiles (como por ejemplo, bolsa), iniciemos con un fondo indizado, porque es más fácil de entender y de seguir. Luego de un tiempo, estaremos listos para movernos a fondos con otro perfil, tanto locales como internacionales, y finalmente, por qué no, comprar nuestras propias acciones en directo.

5. Entender qué es el riesgo.

Hay muchos riesgos asociados a las inversiones, algunos que en ocasiones no tomamos en cuenta, como la inflación (si ésta es mayor que el rendimiento que obtenemos, estamos perdiendo poder adquisitivo).

Pero cuando hablamos de riesgo en inversiones, estamos hablando de volatilidad en los rendimientos. Con el tiempo, en el largo plazo, la Bolsa, por ejemplo, es una inversión mucho más rentable que la inversión en deuda (cetes o pagarés).

Basta ver una gráfica de largo plazo para comprender que la Bolsa, en el largo plazo, siempre tiene una tendencia positiva. Pero es más volátil en el camino, es decir, dentro de esa gran tendencia de largo plazo, hay movimientos o tendencias de más corto plazo que son pronunciadas de manera alcista o bajista. Ese es el riesgo de la Bolsa, su incremento no es constante, sino variable. Se mueve mucho, tiene mucha volatilidad. Pues bien, esa volatilidad es lo que en materia de inversiones se conoce como riesgo.

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CRÉDITO: 
Joan Lanzagorta*