En la era de la digitalización

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Factura electrónica es sinónimo de evolución y modernidad

En un mundo donde las Tecnologías de la Información están revolucionando de manera continua las actividades humanas han provocado en la administración y operación de las empresas la extinción de algunos equipos que no hace muchos años eran fundamentales.

Con sorprendente frecuencia, aparecen nuevas aplicaciones tecnológicas que facilitan la operación empresarial. Una de ellas es la facturación electrónica que sustituye al documento tradicional en papel por un archivo digital con la misma validez.

Al hablar de este tema es importante destacar que la esencia del esquema de facturación es la Firma Electrónica, elemento indispensable para digitalizar los comprobantes fiscales. Tiene validez oficial porque cuenta con el respaldo del Sistema de Administración Tributaria y está regulada por normas internacionales aplicables de forma general en las Naciones Unidas, a través de UN/CEFACT, y recomendaciones como UNeDocs, que hacen que la Firma Electrónica permita incluso la realización de contratos internacionales a larga distancia.

Se ha polemizado mucho el tema de la obligatoriedad del uso de facturación electrónica en México. Sus detractores argumentan que es costoso y que es un mecanismo que da mayor control fiscalizador a la autoridad tributaria. Digamos que esto último habría que verlo como una virtud, porque reduce las formas de evasión.

En cuanto al costo, advirtamos que el esquema es por sí mismo rentable por sus beneficios inherentes: la oportunidad de la información, la reducción en tiempos de gestión, el ahorro en el gasto de papelería, la facilidad en los procesos de auditoría, la seguridad en el resguardo de los documentos, la agilidad en la localización de información y la eliminación de espacios para almacenar documentos históricos.

La digitalización contribuye sustancialmente a la eficiencia empresarial. Da viabilidad a las transacciones, mayor oportunidad y certeza en la toma de decisiones.

*Catedrático de posgrado de la EBC y socio de ASN consultoría S.C.

CRÉDITO: 
Héctor Valencia Morales*