Emprendedores culturales: a hacer la tarea

Foto: Cuartoscuro

La Cuenta Satélite, presentada por el INEGI y Conaculta, nos impone un gran reto

Una semana antes del anuncio de la Cuenta Satélite de Cultura de México (CSCM), que tuvo lugar en la sede de la Presidencia del Conaculta el martes 21 de enero, estuvo en la UAM Xochimilco el economista colombiano Winston Licona Calpe. Impartió el taller “De la gestión cultural a la administración de las culturas”. Me dejó un obsequio que agradezco enormemente: Emprendimiento cultural para el desarrollo local. Cuaderno del estudiante, editado en el 2013 por el Ministerio de Cultura de Colombia, el Servicio Nacional de Aprendizaje y la Universidad de Antioquia.

¿Por qué resulta relevante? Porque nos preparamos para abordar las maravillas, misterios, ausencias y vacíos de la Cuenta Satélite. En virtud de su naturaleza, por principio sugiero nos asumamos en calidad de principiantes y ante lo cual, hay que generar un proceso pedagógico, de enseñanza-aprendizaje, para lo que es y no útil la Cuenta. Este serial para dummies es un intento por hacer accesible lo que reviste enorme complejidad. Se trata de un paneo, en suerte de cadena productiva, que puede llevar desde conocer las claves de la integración de un sector cultural, pasando por información inservible, hasta las actividades económicas que no representan oportunidades de negocio.

El cuaderno colombiano es un buen ejemplo de un manual de enseñanza y por eso lo destaco en esta entrega a manera de prolegómeno. Las instituciones indican en la presentación que se trata de “una estrategia de formación integral, pertinente y contextualizada en emprendimiento cultural, para la generación y la sostenibilidad de proyectos e iniciativas culturales en diferentes regiones del país”.

Estamos ante la guía de un curso que dura 10 horas, divididas en 56 presenciales y 44 virtuales. Son seis módulos y cada uno desarrolla un número variable de unidades. Tiene sentido nombrar los primeros: 1) El medio de aprendizaje, 2) Ser emprendedor, 3) Identificar la iniciativa cultural y estructuración de la misma, 4) La iniciativa en contexto, 5) Identificar el plan, introducción a la estructura de la empresa y 6) Ajuste de la iniciativa cultural. Destaca del modelo formativo las abundantes ilustraciones y la batería de actividades (ejercicios) que se llevan a cabo en el mismo cuaderno, a puño y letra.

El tercer módulo concentra una carga importante de economía cultural, con la adopción de dos categorías, empresas culturales e industrias creativas, que bien luego llama industrias culturales. En la Unidad 4 se problematiza “¿Qué es una cadena de valor sectorial? Saber esto es un paso inicial para identificar sus componentes y ubicar tu emprendimiento cultural en un eslabón de dicha cadena. De esa manera esperamos que al final puedas, (como) logros de aprendizaje: 1) Entender qué es una cadena de valor sectorial, 2) Conocer y comprender cada uno de los eslabones de la cadena de valor y 3) Ubicar tu iniciativa cultural en un sector cultural y en un eslabón de la cadena de valor”.

El mapa de la cadena de valor (dicho sea de paso, ausente en la CSCM) tiene componentes tales como creación, producción, distribución, exhibición y consumo. Por lo que refiere (¿lapsus o inconsistencia?) a la industria cultural, define como sectores el editorial, audiovisual, fonográfico, artes visuales y escénicas, turismo cultural y multimedia. Vienen entonces otros mapas. Por ejemplo, en “sectores de la industria cultural”, identifican los “tradicionales”, como el caso del editorial, que califican en 10 tipos: libros, industria gráfica, industria editorial, periódicos, revistas, diarios, literatura, bibliotecas, industria de la publicidad y diseño, éstos dos últimos, advierten, son transversales.

Son cinco las actividades de aplicación. Les dejo la tercera para que la ejerciten en algún momento del día, escrita en seis líneas en un cuaderno tamaño carta: “Escribe si tu iniciativa tiene relación o puede tener intercambio comercial con otros sectores o subsectores. Especifica cómo se daría y qué valor otorgaría a tu producto o servicio de cara al cliente o usuario”.

Así las cosas, ¿nos sirve la Cuenta Satélite para dar respuesta a tal ejercicio?

[email protected]

CRÉDITO: 
Eduardo Cruz Vázquez, El Economista