Asegura la educación de tus hijos

Foto: Eleconomista.mx

La elección de una escuela es asunto familiar: todos deben decidir

La idea de crisis es el signo de nuestros tiempos. Es una de las palabras que más hemos escuchado desde la infancia y será con la que tal vez responsabilicemos a una entelequia de nuestros propios errores financieros.

Sin negar la existencia de la crisis, debemos advertir que ésta puede controlarse relativamente en el ámbito personal mediante acciones contundentes, sobre todo si estamos pensando en proteger el desarrollo educativo de nuestros hijos.

En primer lugar, debemos considerar que la educación no es una alternativa sino un factor sine qua non del desarrollo de todo individuo, de toda comunidad y de toda nación. Sin educación, no hay alternativas de civilización ni de progreso. Por eso, debemos elegir con mucho cuidado la institución que habrá de formar a nuestros hijos. Y si hablamos de instituciones privadas, es necesario considerar en nuestra elección una serie de elementos: prestigio, nivel académico, actividades extracurriculares, costo, distancia, gastos adyacentes a la colegiatura (libros, transporte, alimento, etcétera).

La elección de escuela es asunto familiar. Tanto importa especificar las capacidades financieras de los padres como los intereses personales de los hijos. Y si se elige una institución cuyo costo sobrepasa nuestras posibilidades económicas, hay que reflexionar acerca de las maneras en que podría ajustarse el presupuesto de la casa para cumplir con ese proyecto educativo. Para eso, vale mucho una formación de orden y ahorro desde la infancia de nuestros hijos.

Sin duda, hay una alternativa para aquellas familias cuya economía no da para acercarse a cierto tipo de formación universitaria. Acudamos a instituciones que otorguen financiamiento o créditos educativos.

Lo recomendable es hacer, entonces, una tabla comparativa de diversas opciones de financiamiento con el fin de analizar la capacidad de pago al término de la carrera.

*Director de Mercadotecnia de la Escuela Bancaria y Comercial

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CRÉDITO: 
Juan M. Ramírez Belloso