Mantener el valor del negocio

Hace algún tiempo, en un artículo anterior, hablamos del valor del negocio y de todos los factores que le dan valor al mismo. Hoy quiero que nos enfoquemos en aquellos que hacen que un negocio gane, mantenga o pierda su valor.

El empresario normalmente está preocupado por que los objetivos de su empresa se cumplan de acuerdo con la visión que tiene de ésta. Por lo regular, esta visión se define por el producto o servicio que vende o presta para cubrir una necesidad de la sociedad, y en la ganancia que puede obtener de dicho proceso. Esto es correcto, la gente invierte su dinero y su tiempo para ganar.

Por otro lado, está el valor que tiene el negocio por sí mismo. Éste, como mencionábamos en el artículo arriba referido, está definido por las ventas o ingresos que genere el negocio, los flujos de efectivo netos y utilidades que genere, así como el valor que los activos netos puedan tener. Todo lo anterior, adicionado al prestigio que el negocio y su marca hayan acumulado a través del tiempo.

En cualquier empresa, el valor en el tiempo se mantendrá si conserva el mismo nivel de operaciones y utilidades en su vida. Pero el mundo es cambiante, el gusto de los consumidores cambia constantemente, el avance tecnológico hace que lo que se consideraba un producto esencial en un momento, al paso del tiempo haya sido sustituido por otro o por una gama de productos diferentes pero que cubren la misma necesidad.

Todas las circunstancias anteriores pueden hacer que el valor del negocio vaya disminuyendo con el paso del tiempo.

En los años 40 y 50, después de la Segunda Guerra Mundial, México experimentó un proceso de industrialización necesario para sustituir una economía basada en la agricultura y ganadería, a una que generara empleos industriales, la cual se pensaba que sería para siempre.

Al cabo de cuatro décadas, las empresas comenzaron a ser vendidas, cambiaron de giro o cerraron por competencia de mercado, costos altos o falta de liquidez (generada por los dos asuntos anteriores). En el mejor de los casos, algunas de estas empresas que vendieron a tiempo pudieron comercializar, más que activos o mercado, marcas y prestigio sólidos.

El empresario deberá establecer estrategias a corto, mediano­ y largo plazo para que el negocio pueda mantener su valor en el transcurso del tiempo y que este valor no sea socavado por un atraso tecnológico, un deterioro de su marca en el mercado, en sus activos o simplemente por la pérdida de prestigio, que a veces hace más daño que todo lo anterior junto.

Por otro lado, cuántas veces hemos visto una empresa familiar que pudo mantener a sus miembros en un muy buen nivel de vida, pero cuando se integran otras familias al negocio, tres o cuatro, la empresa simplemente revienta porque ya que no mantiene el mismo nivel de crecimiento que el de las familias que dependían de él y por lo tanto ya no las puede mantener.

El empresario también deberá estar ocupado en generar un crecimiento en el valor del negocio. Es importante mantener el nivel del negocio, pero la sociedad crece, las familias crecen y el mercado crece. La empresa deberá crecer por lo menos en la misma proporción.