Tu startup con identidad clara y segura

Recientemente ha crecido la preocupación por verificar las identidades, buscamos garantías de que las personas sean quienes dicen ser, por ejemplo, las redes sociales son un escenario donde se dificulta verificar las identidades, los bancos buscan comprobar que sean sus verdaderos cuentahabientes quienes están haciendo transacciones en línea. En aeropuertos y aduanas se implementan dispositivos más sofisticados para validar que los viajeros sean quienes sostienen que son.

Lo mismo sucede en el terreno de los negocios, la existencia de una marca o logotipo que proyecta una idea institucional no significa necesariamente que exista una sociedad legalmente constituida, puede tratarse de una persona física que sustenta una identidad de marca. Es por eso que en esta era de incertidumbre creciente, hoy cobra mayor importancia para los emprendedores el proceso de constituirse como una sociedad.

Conviene recordar que una startup no es una empresa en pequeño, esa confusión es uno de los principales errores de muchos emprendedores. La startup se desarrolla en un entorno de búsqueda, flexibilidad, prueba e inestabilidad, esa es su naturaleza, en cambio, la empresa busca operar de forma efectiva un modelo de negocio que ya ha encontrado, por lo tanto, la estabilidad y el control son elementos centrales en su gestión.

Hecha la división anterior, revisemos en qué momento del proceso de emprendimiento (es decir, de creación de una startup) conviene constituirse como sociedad.

La primera fase es una ideación, donde el equipo emprendedor manifiesta sus primeras ideas de negocio y las expresa en un lienzo o canvas, en la segunda fase se ponen a prueba estas ideas mediante un testing, es común que se utilicen Productos Mínimos Viables (PMV) para hacerlo de manera ágil y a bajo costo, durante la tercera fase se toman las lecciones aprendidas de los tests anteriores y se hacen ajustes de corrección o mejora a la idea inicial, esto sucederá en diversas interacciones hasta haber encontrado una fórmula viable de negocio.

En la cuarta etapa se harán las definiciones del modelo de negocio validado, aquí se comenzará a trabajar en su estabilización hasta llegar a convertirse en una empresa, es en esta etapa cuando los emprendedores deben ocuparse de la constitución legal.

La elección del tipo de sociedad depende de diversos factores: el fondeo de capital necesario, el destino de los beneficios financieros, la conveniencia fiscal y su reputación e imagen, entre otros.

Una sociedad puede ser de carácter civil, como es el caso de las Asociaciones Civiles (A.C.) y las Sociedades Civiles (S.C.), o de carácter mercantil, como la Sociedad Anónima (S.A), la Sociedad de Responsabilidad Limitada (S. de R.L.) y la Sociedad Cooperativa (S. Coop.), aunque existen otras figuras menos usuales.

La principal diferencia entre ellas radica en que las sociedades mercantiles se dedican idóneamente a actos de comercio en donde se ofrecen productos y servicios de forma especulativa, mientras que las sociedades civiles buscan su objeto social sin involucrar preponderantemente actos de comercio relacionados con productos.

Recientemente ha emergido otro tipo de vinculación social entre actores económicos: las Organizaciones Autónomas Descentralizadas (DAO, por sus siglas en inglés), consorcios establecidos a través de contratos inteligentes creados mediante la tecnología blockchain, pero esta figura, aún está en exploración y consolidación.

En conclusión, un emprendedor tiene más certeza, tranquilidad, acceso a capital, así como menores riesgos, cuando elige adecuadamente el tipo de sociedad para alcanzar mayores beneficios con su proyecto de negocio, creando un poderoso cimiento para su crecimiento empresarial futuro.

Autor: Hugo Guillermo Olivares Lima, Arquitecto, experto en negocios certificado por la Universidad de Cambridge en Marketing y Human Resources (with distinction). Concluyó estudios de Maestría en Investigación y Docencia (UNAM). Es Profesor de Postgrado en la EBC.