Robots, ¿los nuevos compañeros de trabajo?

Más que destrucción de empleo implica nuevas oportunidades. Foto: Especial

Un robot que hiciera las tareas del hogar y otras actividades que facilitará la vida, era una idea que décadas atrás sólo era visto como algo exclusivo de la ciencia ficción e incluso fue la inspiración para diversos libros, películas y caricaturas. por ejemplo, ¿quién no recuerda Los Supersónicos (The Jetsons)? La familia futurista que vivía con Robotina, siempre pendiente de la familia y el hogar.

Hoy la idea de los robots ya no queda sólo en sueños o historias de ficción, porque más que nunca son una realidad que si bien representan un importante avance tecnológico, para otros son una amenaza, especialmente en el sector laboral.

De acuerdo a un estudio de la Universidad de Oxford, The Future of Employment de 2013, tras examinar 702 ocupaciones, se encontró que 47% corre el riesgo de desaparecer por culpa de la inteligencia artificial (las máquinas en el trabajo).

Como consuelo, la investigación de Oxford identificaba entre las profesiones con menor riesgo de automatización a los terapeutas recreacionales, los supervisores mecánicos de primera línea, instaladores, reparadores, terapeutas ocupacionales y trabajadores sociales sanitarios.

Después se han hecho multitud de investigaciones y estudios. Algunos siguen atemorizando -o sólo previniendo- sobre la competencia feroz y desleal de las máquinas en el ámbito profesional, y otros tratan de tranquilizarnos acerca de esa convivencia obligada, advirtiendo que sólo corren peligro los empleos basados en actividades rutinarias y sin valor añadido, en los que no haga demasiada falta la impronta humana.

Martin Ford, el futurista que es autor de Rise of the Robots: Technology and the Threat of a Jobless Future, explica que los trabajos con más riesgo de desaparecer por la robotización son los que presentan unos niveles superiores de rutina y que son repetitivos y predecibles, mientras que The McKinsey Global Institute concluye que los robots no sólo permiten realizar mucho mejor y de una forma más económica y eficaz una variedad de actividades físicas rutinarias, sino que pueden realizar actividades que incluyen capacidades cognitivas que se consideran demasiado difíciles de automatizar con éxito, como sentir emociones o hacer juicios tácitos.

Hay argumentos tranquilizadores e inquietantes a partes iguales, pero lo cierto es que la inteligencia social -que lleva a conseguir que el trato que tengamos con un robot sea más parecido a la manera en la que interactuamos con otras personas- es ya un hecho en nuestras vidas, y transforma el concepto tradicional de trabajo y nuestras relaciones laborales.

Y más que un factor de destrucción de empleo implica nuevas oportunidades, siempre que sepamos adaptarnos al nuevo escenario profesional de convivencia con las máquinas, que implica reinventarse para responder a nuevos retos de gestión y organización, enfrentarse a conflictos laborales nunca vistos, o a formas de trabajar y sistemas de recompensa y valoración que jamás hubiéramos imaginado.

La convivencia profesional con los robots provoca la amortización de puestos de trabajo por causas tecnológicas (desaparece el contenido de determinados puestos y reduce las jornadas laborales), pero al mismo tiempo mejora la competitividad, lleva a la creación de nuevos negocios y -seguro- genera empleo.

Íñigo Sagardoy, presidente de Sagardoy Abogados, no cree que debamos ser pesimistas sobre la posibilidad de que puedan desaparecer empleos amenazados por la robotización. Aunque es cierto que algunos trabajos desaparecerán, Sagardoy opina que "la clave es la formación continua y la recualificación.

El cien por cien de la demanda de empleo no será de nuevas tecnologías, y en esa recualificación se han de tener en cuenta nuevas aptitudes académicas para cubrir una demanda necesaria". En realidad, muchos de los trabajos que quedarán obsoletos no desaparecerán; más bien se redefinirán.

Felipe Ochoa, asociado senior del departamento de Derecho Laboral de Garrigues, cree que "más que reemplazar, los robots apoyan en muchas funciones. Automatizan tareas y son herramientas. Habrá que analizar qué obligaciones tendrá la empresa para automatizar a los trabajadores, y éstas tendrán que contemplar ciertas garantías y protección en el proceso de transición. Existe el temor a ser reemplazado, pero lo cierto es que los procesos de robotización no destruirán tanto trabajo como se piensa".

Un reciente estudio de Manpower-Group coincide en que "el aprendizaje es la respuesta". La investigación concluye que, para 2022, 54% de los profesionales requerirá de una recualificación y una mayor capacitación.

"Resulta necesario saber cómo prepararse para asumir los roles más demandados en el futuro y tener la certeza de que los líderes apoyan en este proceso de aprendizaje".

Es imprescindible impulsar la learnability y fomentar la formación continua de todos nuestros empleados. Las personas deben desarrollar las nuevas competencias para incorporar la automatización en sus funciones, y hay que implementar ciclos de aprendizaje rápidos para aprovechar las oportunidades que nos brinda la tecnología a medida que va transformando los mercados.

José Prieto, socio de Laboral en Baker McKenzie, asegura que "siempre habrá un punto en el que el robot esté subordinado al humano, y cuando esto no ocurra nos encontraremos en otra dimensión. Debe haber un humano que en definitiva se encargue de la gestión del robot, y que sea una especie de mentor de éste".

Prieto añade que "lo lógico es que haya una línea de separación, que es la de las emociones.Los robots sirven para hacer más eficientes y seguros los procesos, pero las labores vinculadas a las emociones seguirán siendo realizadas por humanos".

El socio de Baker McKenzie no cree que vaya a haber convenios laborales para robots, y se une a los que creen que hablar de derechos para las máquinas parece algo excesivo. Prefiere hablar de reglas de relaciones laborales que articulen la convivencia.

Íñigo Sagardoy advierte sobre ciertas áreas de litigio en esta inevitable convivencia laboral entre humanos y máquinas. Por un lado está la cuestión de la amortización de puestos de trabajo. El presidente de Sagardoy cree que justificar esa amortización de ciertos puestos genera conflictividad, y señala que debe existir siempre un componente de objetividad y productividad.

Felipe Ochoa se pregunta si la normativa en vigor prevé el encaje de una amortización de puestos, y si debería proteger al trabajador afectado por la robotización.

Para el asociado senior de Laboral de Garrigues, "la normativa es escasa pero no insuficiente.Obliga a formar al trabajador para que se adapte a cualquier nuevo proceso. En este caso, de introducción de cambios tecnológicos. Una vez implantado el proceso de robotización, cuando compitamos con los robots la competencia va a ser entre humanos cualificados y humanos que no lo están".

Sagardoy añade que "en lo que se refiere a la tecnología, hay áreas grises de choque entre la libertad de empresa y los derechos fundamentales de los trabajadores"; y añade la cuestión de la seguridad y salud en el trabajo: "Esto ya hay que relacionarlo con el espacio virtual. Los riesgos antes eran físicos o materiales, pero ahora pueden ser psicosociales".

Parece evidente que en términos de prevención de riesgos, la colaboración entre robots y humanos evitará muchos accidentes laborales, pero surgirán nuevos riesgos de tipo psicosocial que tendrán que ver una nueva relación entre profesionales y máquinas. Por ejemplo, el estrés que puede generar el trato con un robot durante toda una jornada laboral.

CRÉDITO: 
Expansión España / RIPE