"Me tomo la tecnología con calma”: Raúl Rojas

Foto: Cortesía

Raúl Rojas González ha cosechado múltiples reconocimientos como alumno, profesor e investigador. Entre la medalla del Conacyt al “Mejor Estudiante de México”, en 1977, hasta el “Profesor del Año en Alemania”, en 2015, hay al menos 23 premios y reconocimientos de este hombre, quien descubrió su primer amor, las matemáticas, en los libros de secundaria de su hermano.

La de Raúl Rojas es de esas historias inspiradoras que nos gusta contar por inspiradoras, y porque es la vida de un mexicano que triunfó donde pocos nacionales se atreven.

De no haber sido científico ¿a qué se hubiera dedicado? Se le pregunta durante una entrevista vía telefónica. “Está difícil responder, porque me interesé desde muy temprano en lo que quería, desde la primaria ya decía que iba a ser matemático. Me resulta difícil pensar que más hubiera sido. Tal vez futbolista, pero nunca fui bueno para el futbol, así que era algo que no hubiera hecho”.

Tres alemanes son pioneros de la conducción autónoma y la inteligencia artificial: Sebastian Thrun y Ernst Dickmanns. El tercero es Rojas González, quien en 1996 se nacionalizó alemán y hoy dirige el Dahlem Center for Intelligent Systems, un laboratorio de machine learning y robótica.

“Tenemos este laboratorio de la Universidad Libre de Berlín desde hace 20 años, tenemos diferentes proyectos, los humanos actúan sin pensar, sin reflexionar, reconocen la voz y no sabemos cómo lo hace el cerebro, porque es automático. Hay que averiguarlo, hacer experimentos, de eso trata la inteligencia artificial” expone el investigador egresado de tres universidades mexicanas (IPN, UNAM, UdeG), ha fundado y cofundado cuatro startups relacionadas con su campo de investigación y habla y escribe en cinco idiomas.

“Un proyecto -del laboratorio- del que salió una patente fue un sistema de lectura para ciegos. El sistema reconoce las letras de un libro y le lee a la persona ciega utilizando el reconocimiento de voz. Pero una de las cosas que hacemos inconscientes es manejar automóviles, todo el mundo sabe que cuando uno ya tiene practicado el camino, vuelve a su casa en ‘piloto automático’ y no sabe cómo llegó, no piensa en la manejada, incluso con tráfico, y eso es lo que queremos enseñarle a la computadora”, abunda.

LA MOTIVACIÓN

Rojas González nació en junio de 1955. Es casado y tiene un hijo. Tiene, según la crónica que hizo Proceso a propósito de su nombramiento como Profesor del Año (2014) por la Asociación Alemana de Universidades (DHV), cinco hermanos, producto de la unión de Graciela González, maestra de primaria y Jorge Rojas, aspirante a ingeniero mecánico, quienes criaron a sus hijos en la populosa colonia Doctores, en la ciudad de México.

Eran otros tiempos. Los coches y el tráfico no eran un problema, como lo son ahora.

“La conducción autónoma tienen diferentes motivaciones para desarrollarla. Hace 10 años estábamos en Stanford y platicábamos con otros colegas sobre sus motivaciones para el automóvil y ellos nos decían que era por la seguridad… yo desde esa época decía que mi motivación era convertir el automóvil en taxi.”

El investigador expone que el congestionamiento en las ciudades se da porque en promedio viaja 1.3 personas por vehículo. Si un auto inteligente se usa para trasladar a varias personas que van en una misma dirección, éste se convierte en una parte del sistema de transporte público, con lo que se reducirán los embotellamientos y mejorará la puntualidad de las personas.

Para la industria, la motivación puede ser otra. “La gente de BMW decía que no creen que se vaya a reducir el número de vehículos en las ciudades, por el contrario, va a aumentar porque la gente ya no necesitará una licencia para tener un coche, cualquiera podría tenerlo y eso aumentaría su número. La discusión todavía existe, pero como es un proyecto a muchos años, de varias décadas, ya veremos cuál es la visión que se impone”.

ES HORA DE PIVOTEAR

El largo currículum de Raúl Rojas González abarca 34 páginas, seis más desde que lo nombraron “Profesor del Año”. Hasta la Escuela Superior de Física y Matemáticas, del IPN, de donde egresó, no tuvo maestro que lo inspirara. Tal vez, él sí sea una inspiración para los alumnos de las 11 universidades de México, Europa y Estados Unidos donde ha impartido más de 162 cursos, o para los 46 estudiantes de doctorado que ha tenido.

A pesar de la impresionante trayectoria, el profesor habla con la sencillez de un estudiante (salvo cuando se toca el tema del mercado de los autos autónomos, saca a relucir su autoridad). Cualquier época es buena para ser investigador, pero en la de hoy, como pocas veces se ha visto tiene más competencia.

“Hoy es más difícil lograr una innovación o un desarrollo que no se les ocurra a otras personas. Es más difícil lograr algo revolucionario como lo hizo Einstein, porque hoy la competencia es tremenda”, dice quien tiene 11 patentes en su haber.

Esa sencillez lo mantiene unido con su alma mater. Desde Alemania, Rojas González vincula a la academia mexicana con la investigación de inteligencia artificial y vehículos autónomos, como se vio en el reto que lanzó en junio cinco universidades mexicanas (IPN, UNAM, UdG, INAOE y el ITAM) a las que entregó autos a escala para comprender esta tecnología. El resultado se verá en noviembre próximo.

Y es que, para el profesor, México ha desaprovechado el impulso de la industria automotriz y no ha generado una base científica para aprovechar esta tecnología, como sí lo han hecho los chinos y los coreanos. La transferencia tecnológica no ha sido una prioridad para las autoridades.

“A China y Corea les ha dado mucho por creare conexiones horizontales con productores nacionales y es lo que hace falta en México, aquí llega el diseño, las piezas y se arma el vehículo.”

No se trata de una falta de talento, expone, porque ésta también escasea en Alemania. Es más bien que la investigación se hace tarde en nuestro país.

“En Alemania, cuando un alumno llega a licenciatura se integra a un proyecto de investigación desde el principio, no tiene que esperar a que termine o a que llegue a la maestría para que suceda. Eso es algo que falta en México, lo sé porque le macheteamos duro a los libros, hacemos muchos exámenes, pero llegamos a la investigación tarde. En Alemania y Estados Unidos llegan a investigar desde el principio y eso crea una cultura de la investigación”, expone.

Esta cultura ha permitido que las empresas trabajen de la mano con las universidades, algo que en México aún falta por fomentar. La receta que da el doctor es “levantar el teléfono”.

“En un encuentro de Matemáticas, les platiqué -a colegas mexicanos- de todos los proyectos que tenemos con la industria, y me preguntan ‘cómo le haces para tener una vinculación tan estrecha con ellos’ y les dije ‘nada más contesta el teléfono’".

NO AL SMARTPHONE

Tres cosas a aprendido Raúl Rojas González de la cultura germana: su cultura de la investigación (sin investigación, no hay educación), su organización (una semana después de la capitulación de Alemania en la Segunda Guerra Mundial, el correo reinició actividad a pesar de que la ciudad estaba en ruinas), y su mentalidad ganadora, que les permite dar resultados.

El académico lee de todo. No hay género favorito pero el libro que -indica- tiene en su escritorio es sobre las diferentes clases de dinosaurios que existieron.

Finalmente, el investigador germano-mexicano, líder en conducción autónoma e inteligencia artificial, sigue sin usar Smartphone, al que ve la desventaja de distraer a los estudiantes.

“Tiene sus ventajas, obviamente, como pedir información y distribuirla democráticamente, pero la tecnología crea un poco de adicción y por eso prefiero tomarla con calma”.

angelica.pineda@eleconomista.mx

CRÉDITO: 
Angélica Pineda / El Empresario

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