Masticando los residuos orgánicos para transformarlos en energía

Alexander Smotritsky, fundador de WiseSoil (izquierda), instalando el módulo en los EU. Foto: WiseSoil

Alexander Smotritsky, un científico de 35 años de Ekaterimburgo, en la región rusa de los Urales, solía pasar frente a una granja avícola y revolverse con el olor de los desechos. La desagradable experiencia le llevó a desarrollar un sistema de reciclaje que transformaría de forma rentable los residuos orgánicos en biogás.

Según el informe Renewables 2018 de la Agencia Internacional de Energía, la bioenergía moderna liderará el crecimiento de todas las energías renovables hasta 2023. En Rusia, su potencial es enorme. Cerca del 90% de la inversión total del país en energías renovables en 2010 se destinó a bioenergía, particularmente a la compra de equipamiento extranjero para proyectos de biogás en tierras agrícolas.

Pero la crisis económica y la devaluación de la rupia provocaron un aumento en los precios de los aparatos, imposibilitando la compra para la mayoría de los consumidores rusos y hundiendo el sector. Actualmente, el gas natural sigue dominando el sector energético. El biogás es, sin embargo, una fuente de energía renovable viable.

“Su uso reduce las emisiones de gases de efecto invernadero, ya que evita la quema de gas natural o carbón. El CO2 que libera es aquel que han absorbido por las plantas durante su crecimiento, por lo que no altera el balance de carbono en la atmósfera. También ayuda a resolver el problema de los desechos, evitando la emisión de grandes cantidades de otro potente gas de efecto invernadero: el metano procedente de los vertederos”, dice Alexey Kokorin, jefe del programa de clima y energía de la ONG WWF (World Wide Fund for Nature) de Rusia.

Smotritsky, que estudió termo física experimental en la Academia Rusa de Ciencias de los Urales, y su padre Andrey, un ingeniero que ha patentado varios inventos relacionados con las ciencias médicas y veterinarias, fundaron la compañía Bioenergy LLC en 2014. Juntos, construyeron un módulo de pre tratamiento de sustrato llamado WiseSoil, que se adhiere a una unidad de biogás y descompone los desechos en partes diminutas para transformarlos de manera más eficiente en bioenergía. Su concepto es similar a cómo la masticación descompone los alimentos antes de ser digeridos. "Reduce el coste de la unidad de biogás para nuestros clientes", dice el joven Smotritsky, explicando que el módulo permite que se puedan comprar unidades de biogás más pequeñas y baratas pero que procesan la misma cantidad de residuos que las grandes, obteniendo los mismos o incluso mejores resultados.

La startup se financió en un principio con un préstamo de 20 millones de rublos rusos (260,000 dólares) de la Russian Venture Company (RVC), un fondo estatal e instituto de desarrollo para la innovación. Posteriormente, el proyecto obtuvo una micro beca de la Fundación Skolkovo. Ahora, su modelo de negocio se basa en la venta tanto de los módulos de WiseSoil como de sus licencias de tecnología. La compañía ha vendido 27 módulos a clientes de todo el mundo en lo que va de 2018 y espera entregar 13 más antes de fin de año.

Las ganancias, sin embargo, se hacen esperar para el equipo de ocho personas detrás de la tecnología. "Hemos alcanzado el punto de equilibrio, pero reinvertimos las ganancias en el desarrollo constante de productos y en I+D", dice Smotritsky, señalando que prevé que sus beneficios de 2018 alcancen los 180,000 dólares.

De momento, la sede de Bioenergy LLC (fábrica de módulos, investigación y pruebas tecnológicas) se encuentra en Ekaterimburgo, pero como la mayoría de sus clientes se encuentran fuera de Rusia (en Reino Unido, Suiza, Alemania, Croacia, Corea del Sur y Kazajstán), la empresa cuenta con distribuidores en Corea del Sur, representantes en Estados Unidos y República Checa, y actualmente está estableciendo una filial en Lituania.

Bioenergy LLC planea trasladar algunas de sus cadenas de montaje a la Unión Europea con el fin de expandirse en el mercado comunitario y atraer inversiones de fondos de riesgo europeos. “En Rusia no hay mercado para nuestros productos. La industria del biogás se desarrolla muy lentamente y pocas compañías producen unidades de biogás para los desechos agrícolas", apunta Smotritsky.

Según el sistema de geoinformación de Fuentes de Energía Renovable de Rusia, el país genera cada año más de 600 millones de toneladas de residuos orgánicos, de los cuales 150 millones provienen del sector ganadero. Ivan Yegorov, uno de los fundadores de la consultora ruso-noruega Nordic EcoBusiness Center especializada en análisis de inversión en desarrollo sostenible y energía verde, dice que producir un kilogramo de carne de cerdo genera al menos 40 toneladas de residuos líquidos, lo que implica serios desafíos ambientales para los recursos hídricos y del suelo.

La tecnología WiseSoil podría ser útil para tratar también los residuos orgánicos domésticos (particularmente en las grandes ciudades), que representan 20% de todos los residuos del país, dice Vladimir Chuprov, jefe del departamento de energía de Greenpeace Rusia.

Igor Shkradyuk, del Centro de Conservación de la Biodiversidad de Moscú, concuerda, señalando el descontento de los moscovitas con los vertederos y los gases generados por los desechos orgánicos. "Apoyo la idea de WiseSoil porque promueve un tratamiento más amplio de los residuos orgánicos", dice.

"En Rusia, como la mayoría de las soluciones tecnológicas no son rentables, la mayoría de los industriales que generan residuos prefieren pagar una multa por tratar sus residuos de forma tradicional en lugar de adoptar un enfoque más sostenible. Queremos cambiar esto para que las empresas puedan transformar sus residuos en ingresos", concluye Smotritsky.

CRÉDITO: 
Angelina Davydova / Kommersant / Rusia