Basura tecnológica, una mina de oro de oportunidades

Pretratamiento y desmantelamiento mecánico de las placas electrónicas. Foto: Olivier Roche

Los residuos de aparatos eléctricos y electrónicos (RAEE) son para Serge Kimbel, director ejecutivo de Morphosis, lo que el plomo era para el alquimista medieval Nicolas Flamel: un material que vale oro. Desde hace 10 años, su compañía con sede en el norte de Francia recupera los pequeños tesoros de métales raros como plata, platino y cobre escondidos en las tarjetas y discos duros de nuestros ordenadores, teléfonos y otros dispositivos obsoletos.

"No somos los únicos que operamos en este mercado. La industria minera también ha comenzado a recuperar estos metales. Pero en términos de precio, nosotros somos más competitivos porque nuestros materiales son de una pureza muy alta y se pueden transformar según las necesidades específicas de los fabricantes", explica el fundador de esta pyme de unos 50 empleados.

Cada año, se trituran y muelen 25,000 toneladas de residuos electrónicos en las dos sedes que la firma tiene en Le Havre para recuperar sus valiosos contenidos. Morphosis utiliza un proceso industrial que combina tratamientos mecánicos, químicos y térmicos para extraer el "mineral" de los residuos, 80% de los cuales se entrega desmontado.

Este sector tiene un gran potencial de crecimiento, dado que el mercado de estos productos electrónicos está creciendo entre "un ocho y un nueve por ciento al año", según Kimbel. Los analistas de la Unión Europea predicen que solamente dentro de sus fronteras, el volumen de residuos a tratar podría alcanzar los 12 millones de toneladas para 2020.

Si bien esta mina de oportunidades parece prometedora, el tratamiento de estos desechos es cada vez más complejo. Los volúmenes de residuos de aparatos eléctricos están en aumento, pero las concentraciones de metales raros que contienen son cada vez más escasas, lo que intensifica la competencia. En particular, los países asiáticos, los más grandes productores de este flujo de residuos, están cada vez más presentes.

Es un signo de que los intereses financieros comienzan a converger con los ambientales. La extracción consume cantidades industriales de energía, liberando altas dosis de CO2, uno de los gases de efecto invernadero responsables por el calentamiento del planeta. Por cada tonelada de tierra, pueden extraerse aproximadamente 0.0011 gramos de oro. Decir que hay que mover montañas para acceder al precioso metal, es más que una simple expresión.

Pero cuando se trata de los tesoros rescatados de la economía circular, las probabilidades de encontrar oro son mucho más altas. Tomemos como ejemplo los teléfonos móviles: una tonelada de tarjetas electrónicas puede contener hasta un kilo de oro, cinco kilos de plata, nueve kilos de tantalio y 250 kilos de cobre.

Un reciente estudio realizado por la Agencia de Gestión de Energía y Medio Ambiente de Francia (Ademe) reveló que, en 2012, apenas una cuarta parte de las tarjetas electrónicas recolectadas fueron procesadas. Esto se traduce en una pérdida de valor de 124 millones de euros (143 millones de dólares) sólo por el oro que no pudo ser recuperado.

"Estamos trabajando para garantizar que tengamos el menor consumo de energía y emisiones de CO2 posibles. Es importante para nuestra viabilidad financiera", señala Kimbel. Cuando Morphosis quema el plástico de las tarjetas de memoria, el calor generado se reutiliza en el procesamiento de metales raros y también para calentar las instalaciones de la empresa en Le Havre.

Los edificios que conformarán la nueva unidad de Morphosis en Fécamp, Normandía, serán totalmente ‘pasivos’, en gran parte gracias a la electricidad fotovoltaica generada allí. La compañía está invirtiendo cinco millones de euros en el proyecto, con el objetivo de tratar una amplia variedad de productos, obteniendo un alto rendimiento de recuperación y manteniendo el consumo de energía al mínimo. La pyme no pierde de vista la innovación. "El I + D representa considerablemente más del 10% de nuestra facturación", que alcanzó los 12 millones de euros en 2017, dice Kimbel. Su ambición es hacer de Morphosis el epicentro de reciclaje de tarjetas electrónicas de Francia.

Uno de los inconvenientes es que la compañía está buscando sus suministros en zonas cada vez más lejanas; Morphosis obtiene sus materias primas en África, Oriente Medio y América Latina, lo que tiene claras consecuencias en la huella de carbono de la empresa. Sin embargo, Kimbel estima que esta consideración debe ser puesta en perspectiva. "El puerto de Le Havre nos permite hacer envíos por mar", señala. "Conseguimos grandes ahorros en comparación con el transporte por carretera y la proporción de CO2 por tonelada transportada es significativamente menor".

CRÉDITO: 
Joël Cossardeaux / Les Echos/Francia