La procrastinación

Antes que nada, quiero felicitar a todos los colaboradores de El Economista, su equipo editorial y su presidente el ingeniero Jorge Nacer Gobera, por los 30 años de vida de este muy relevante medio informativo, creo que hacen día a día un gran trabajo informativo, con gran profesionalismo, objetividad e integridad, es un orgullo poder colaborar con este pequeño espacio.

Hoy quiero hablar de algo que nos afecta en gran medida a muchos mexicanos, y le he dado el nombre dominguero al artículo de la procrastinación, que de acuerdo con la definición de Wikipedia “es la acción o hábito de retrasar actividades o situaciones que deben atenderse, sustituyéndolas por otras situaciones irrelevantes o agradables”. También lo define como postergación o posposición.

No quiero entrar en las cuestiones psicológicas o fisiológicas relacionadas con esta situación que, de acuerdo con el artículo de Wikipedia, es un trastorno volitivo, es decir, voluntario, que puede estar relacionado con la depresión o algún otro trastorno psicológico.

Me interesa desde un punto de vista más terrenal. En México es muy común escuchar a la gente que padece esto decir que trabaja mejor bajo presión; sin embargo, este tipo de gente normalmente acumula altos volúmenes de pendientes y se vuelven los acumuladores de pendientes en sus escritorios.

Dentro de las organizaciones, los administradores tienen que luchar contra estas costumbres o tendencias, con objeto de lograr mejores resultados en la empresa. También es necesario que tomen en cuenta que una tendencia permisiva en cuanto a la postergación de actividades atenta contra la productividad de la empresa, peor aún provoca un efecto cascada en la operación que a la larga tiene efectos destructivos en la misma.

La cultura organizacional es generada desde su estructura de gobierno e incluye conceptos de eficiencia y la eficacia del trabajo. Desde la propia concepción del gobierno corporativo, deben establecerse principios, políticas y procedimientos que aseguren que todos los miembros de la organización a todos los niveles conocen la relevancia de su participación en el éxito o fracaso de ésta.

Con objeto de entender esto, hablemos del proceso de planeación en una empresa. La planeación empieza con la definición de las metas y objetivos que la administración propone a los interesados en ella y que sirven de base para que todos los involucrados puedan llevar a cabo sus proyecciones y determinar sus planes para cumplirlas. Por lo cual, si los encargados de la administración se tardan en emitir dichas metas y objetivos, nadie más puede empezar a hacer su parte.

Siguiendo con el camino que empezamos, una vez que dichos conceptos están definidos, el área de planeación tiene que desagregarlas por área de tal manera que pueda solicitar a todas las áreas involucradas sus planes específicos mencionados, así cada una de las áreas tendrá que trabajar en sus proyecciones y planes, pero dependerá de que otras áreas predecesoras le entreguen cierta información que les permita dar certeza al cumplimiento de su propia planeación, entre otros.

Este ejemplo lo podemos traer a cualquier proceso de la empresa, sea éste productivo, administrativo o de soporte, ya que cada individuo dentro de la misma tiene una o varias tareas designadas que a su vez serán materia prima de la próxima área.

El autor es socio de Vission Firm.