El valor razonable

La administración de cualquier tipo de entidad requiere conocer con qué recursos cuenta y cuáles son sus deudas en un momento específico para poder tomar decisiones respecto de las posibilidades de que la propia entidad tiene que llevar a cabo sus actividades o actividades adicionales. Inclusive, necesita esa información para conocer los recursos que puede disponer cuando las cosas se ponen difíciles.

Al igual que una fotografía, el balance general o estado de situación financiera presenta la posición en términos económicos de cualquier tipo de entidad en un momento específico. Como ya hemos platicado, este estado financiero consta de un activo, que representa los bienes, derechos y recursos de los que se disponen; también está el pasivo, todas las deudas que se han contraído y, por último, el patrimonio que han aportado los socios, accionistas, asociados y/o donadores y las ganancias acumuladas, todo esto para o derivado de llevar a cabo sus actividades. Le llamamos balance porque la suma total del activo debe ser igual a la suma de todos los pasivos más el patrimonio.

En los activos están los circulantes, es decir, aquellos que serán realizados en la operación del negocio en un plazo menor a un año, que incluyen: efectivo en caja y bancos, y los equivalentes al mismo, cuentas por cobrar que se generan de las operaciones propias de la actividad, inventarios de productos que vende o insumos que utiliza para operar, y cuentas derivadas o complementarias como anticipos a proveedores, impuestos acreditables o por recuperar, etc.

Adicionalmente, los activos incluyen cuentas por cobrar con plazos mayores a un año y activos tangibles (propiedades, planta y equipos) e intangibles (patentes, marcas, derechos de autor, etc.), que son de larga duración porque su vida útil para las actividades de la empresa es de varios años.

Normalmente, todos los activos los valuamos al costo, es decir, la cantidad de dinero que pagamos para adquirirlos. En el caso de los de larga duración, vamos ajustando el costo en el paso del tiempo a través de la depreciación y amortización, para ir distribuyéndolo entre todos los periodos que esos activos nos generan ingresos. Como vimos en el artículo de la semana pasada, cuando la actividad para la que se destina sufre alteraciones, su valor debe ajustarse al de uso.

El pasivo, como ya vimos, incluye todas las deudas que la entidad incurre para llevar a cabo sus actividades, éstas se clasifican entre deudas financieras, es decir aquellas en las que la entidad solicitó dinero prestado para financiar sus actividades, proveedores que representa el monto que se tiene pendiente de pago por la adquisición de bienes e insumos para la operación de la actividad, otras provisiones de gastos de la operación pendientes de pago, impuestos, obligaciones laborales, etc. Los pasivos son valuados al monto original pactado cuando la obligación fue incurrida.

Los valores de activos y pasivos pueden sufrir ajustes cuando las condiciones económicas cambian y provocan que los valores sean menores a aquellos a los cuales fueron adquiridos o los valores de los pasivos sean superiores a los originalmente pactados.

En el caso de derechos de cobro u obligaciones de pago pactados en monedas diferentes a las registradas, el ajuste será automático cuando valuemos las monedas a su valor real y registraremos una ganancia o pérdida en cambios.

Los activos y pasivos pueden tener ajustes derivados de eventos económicos internos o externos ajenos a la operación, ya que el mercado considera que esos activos o pasivos han cambiado de valor.

Por ejemplo, sin un contrato de venta con un cliente incluye que el precio de las mercancías estará sujeto a ajustes por variaciones en los precios de los insumos, el tipo de cambio o la tasa de interés, entonces, el precio de dicha mercancía tiene un componente variable que tendrá que ser revisado y ajustado regularmente. También puede suceder con los contratos con los proveedores.

En el caso de cualquier activo o pasivo financiero y de los inventarios, sus valores pueden estar sujetos a las variaciones del mercado. Los instrumentos de deuda o valores son cotizados en el mercado y por lo tanto su valor está sujeto a los cambios de la oferta y demanda.

Para determinar las correcciones a los valores registrados en los libros contables y que el balance general refleje una posición más apegada a la realidad, se utilizan las técnicas llamadas “de valor razonable”, que es determinar el valor del mercado que mejor representa la cantidad que la entidad podrá recuperar por realizar dicho activo o cumplir con sus obligaciones.