El valor de las empresas

En artículos anteriores he escrito sobre el valor de los negocios, hoy quiero hablar de las diferencias de percepción en el valor que cada persona o grupo tiene con respecto a cualquier empresa.

Los empresarios se distinguen de los inversionistas fundamentalmente por la forma en la que quieren obtener ganancias por su dinero. El empresario invierte dinero, trabajo y tiempo en el negocio al que ha decidido dedicarse con objeto de obtener ganancias y depender de su esfuerzo para esto. El inversionista decide entregar sus recursos a un tercero que le ofrece utilizar esos recursos para diferentes fines de negocio y el último, a cambio, se compromete a entregar un rendimiento que puede estar representado por un rendimiento pactado de acuerdo con una tasa de interés, si es en la modalidad de préstamo o dividendos, o si es en la modalidad de inversión en capital de riesgo.

El inversionista decidirá cómo o en dónde invertir su dinero; si quiere una inversión segura, la invertirá en pagarés bancarios, pero éstos normalmente pagan el menor rendimiento. Si quiere una inversión que pague más rendimiento, tendrá que, a cambio, asumir mayores riesgos. Dichos riesgos se refieren a la posibilidad de que la inversión no solamente pague un menor rendimiento del esperado, sino que pudiera hasta perder parte o todo su valor.

Dentro de estos modelos, también están los inversionistas que compran y venden acciones o valores representativos del capital o deuda de las empresas, aun cuando éstas tienen un valor nominal; el valor de mercado de estos títulos puede variar de acuerdo con la oferta y demanda que el mercado les asigne según el apetito que el público inversionista tenga por ese papel. El inversionista en esta categoría decidirá si busca una inversión de mayor o menor riesgo, de acuerdo con su apetito a éste y con su requerimiento de rendimiento.

El empresario también corre riesgos, pero son diferentes, y son riesgos propios del negocio al cual haya decidido dedicarse, relativos a los riesgos operativos, financieros, laborales o de desastres naturales, sobre los cuales tiene algún tipo de control.

Me refiero a todo lo anterior, porque el valor de las empresas depende de la perspectiva de los intereses de la persona interesada. Ya sea un inversionista que quiera un rendimiento seguro u otro que quiera tener la posibilidad de especular que la inversión puede ganar valor por la demanda que de ésta haya en el mercado.

Para el empresario, la compañía tiene el valor que le da su trabajo y la posibilidad de generar negocios, es decir, vale en función de los que pueden generar de utilidades y nivel de vida para él, su familia y sus empleados.

El inversionista ahorrador tiene el concepto de valor de la empresa en función a los rendimientos que pueda generar en el plazo que él decida mantener su dinero en ella. Es decir, que para este tipo de inversionista, el valor del negocio corresponde a su ahorro invertido en ésta, más los rendimientos acordados.

En el caso del inversionista que tiene sus recursos en los mercados, el valor del negocio está en función de la percepción que de la empresa y de sus posibilidades tengan los participantes en el mercado de valores.

Es necesario que tanto el empresario como cualquier tipo de inversionista estén conscientes de estas diferencias, ya que, a la hora de que estos tres grupos entran en procesos de negociación, ellos deben entender sus diferencias antes aun que sus coincidencias. Conforme cada uno de ellos entiende cuál es el interés del otro y lo concilia con los propios, entonces se pueden llegar a puntos de acuerdo y a negociaciones más sólidas.