La prevención y la detección del fraude

Uno de los grandes problemas que enfrentan todas las entidades económicas, sean privadas, públicas, gubernamentales, con o sin fines de lucro, es el robo sistemático de sus recursos a través de esquemas de fraude.

De acuerdo con la Real Academia de la Lengua y de la Asociación de Academias de la Lengua Española, el fraude se define como: “Acción contraria a la verdad y rectitud, que perjudica a la persona contra quien se comete”.

El “triángulo del fraude”, descrito por el doctor Donald Cre­ssey, un criminólogo de Estados Unidos que, a través de un estudio de los casos de fraude, identificó tres factores que siempre estaban presentes, estos son: el incentivo, la oportunidad y la justificación.

El incentivo, a nivel personal o de empresa, puede tener varios factores como las presiones financieras por un fuerte endeudamiento o dificultades para cumplir los compromisos adquiridos. También puede provenir de la insatisfacción o el enojo con la administración o algún funcionario de la empresa. Como sea, la persona o grupo de personas que perpetúan un fraude, tienen un incentivo que les impulsa a cometer el robo a través de un fraude a la entidad con la que tienen relación.

La oportunidad, normalmente se encontrará cuando la empresa tiene un control interno cuyo diseño muestra deficiencias, o aun teniendo los controles adecuados, es permeable porque no se cumplen o su cumplimiento no es vigilado adecuadamente.

La justificación o racionalización es un elemento que tiene que ver con los valores morales y éticos, o la falta de éstos, de las personas que cometen el fraude. Esto significa que buscan una autojustificación para cometerlo, ya sea por que consideran que las circunstancias han sido injustas con ellos y buscan una revancha o por que se sienten con el derecho a cometerlo ya que consideran que son conductas generalizadas y por lo tanto normales.

Más recientemente, los expertos en investigaciones de fraude han agregado un nuevo factor o ángulo, para construir lo que llaman el “diamante del fraude”. Este factor es la capacidad, o sea, aquellas personas que por pertenecer a una red de delincuencia organizada o grandes conocimientos técnicos como pueden ser en sistemas de información, tienen la habilidad de cometer un fraude, que en muchos casos, son mucho más costosos para las organizaciones.

La prevención del fraude en las organizaciones parte de la conciencia ética que puedan inducir en el personal que colabora en ellas. Desde códigos de ética y de conducta que sean dados a conocer y distribuidos entre todo el personal, pasando por los controles de selección y contratación de personal y la disciplina que se imponga en el cumplimiento de los procedimientos y controles de la empresa. La vigilancia de los órganos de gobierno de las empresas a través de sus comités de auditoría y prácticas societarias son factores de prevención y detección de indicativos de fraude.

También son factores de prevención, la segregación adecuada de funciones para que las personas que compren no tengan influencia en el pago, ni estas dos en el registro, así como un adecuado de sistema de supervisión y de niveles de autorización de las transacciones.

Una contraloría bien organizada que vigile el cumplimiento total y permanente con las políticas de la empresa también abona a un buen sistema de prevención de fraude.

Por último, un área sólida de auditoría interna con programas de revisión aleatorios que permitan hacer que todas las áreas sean revisadas por lo menos una vez al año, ayudan también a la prevención y detección de indicativos de fraude.