Los activos de larga duración y su deterioro

Cualquier empresario, cuando inicia un negocio en particular, evalúa si es rentable, puede invertir en una o varias líneas de negocio identificadas, con la certeza de que le generarán ganancias, después de los costos y gastos correspondientes, los cuales incluyen la depreciación y amortización de los activos tangibles e intangibles que utiliza en la operación de cada línea. Dichos negocios pueden estar en una sola empresa, pero estar identificados como líneas de negocio independientes de las otras.

Con objeto de llevar a cabo sus operaciones, todas las empresas o cualquier otra entidad requiere recursos, que son aplicados en propiedades, equipos y bienes para transformar y vender. En su conjunto les llamamos activos de la empresa y son considerados activos, porque fueron adquiridos para obtener beneficios futuros para la empresa.

Los bienes adquiridos para transformar y vender son clasificados en la contabilidad como inventarios y son valuados al costo y ajustados cuando las condiciones del mercado modifican a la baja su valor y entonces las empresas tienen que ajustar su valor al de realización, es decir, aquel al que se puede vender, descontando los costos adicionales requeridos para ponerlo en el mercado.

Los otros activos son aquellos que las empresas adquieren para llevar a cabo sus actividades y van desde bienes inmuebles, maquinaria, mobiliario, equipo de transporte, cómputo, etcétera. Adicionalmente, las empresas también requieren para operar activos intangibles, como patentes y marcas y crédito mercantil (cuando aprovechan el prestigio creado por otra empresa adquirida para alcanzar una mejor posición de mercado). Todos estos activos los identificamos como activos de larga duración o de uso. Estos son valuados en la contabilidad de las empresas al costo de adquisición, y dicho valor debe ser regularmente comparado con su valor de uso.

Al ser activos de uso, quiere decir que todos ellos fueron adquiridos para que la empresa obtenga beneficios económicos futuros, por lo tanto, el valor de estos no debe superar a su valor de uso. Este es determinado por el valor de los beneficios futuros más un valor residual que la empresa pueda obtener al venderlo al término de su vida útil.

La contabilidad registra eventos económicos que afectan a la empresa, ya sean estos generados por su propia actividad o bien por eventos externos que la afectan como son devaluaciones, inflación o recesiones o cambios en el mercado.

Aquellos eventos ajenos a la empresa que afectan tienen impactos futuros en el negocio, pero tienen indicadores presentes de su ocurrencia; por ejemplo, un cambio de tecnología que provoque que algunos productos de la empresa se vuelvan obsoletos y por lo tanto sin mercado. Normalmente afectarán líneas específicas de negocio y no a la empresa en su conjunto. Ya que cuando entramos en eventos generalizados que afectan a toda la empresa en su conjunto, entonces debemos aplicar reglas de valuación aplicables a empresas en disolución.

Todos estos indicadores, que afectan líneas de negocio específicas, también conocidos como indicios de deterioro, deben ser monitoreados por la administración de la empresa con objeto de medir el impacto, en términos monetarios, que pueda tener en la misma.

Estos impactos tienen que ser reconocidos en la contabilidad como un ajuste por deterioro. Dicho deterioro afecta directamente a todos aquellos activos que fueron adquiridos para ejecutar el negocio que está siendo afectado y se refleja en el valor de uso de los activos.

Cuando la administración de la empresa ha detectado que existen claros indicios de deterioro, tiene que medir sus efectos en todos aquellos activos asignables a la línea de negocio afectada, determinar en qué medida la reducción de los ingresos futuros de dicha línea no permitirá recuperar el valor de los activos de la línea, y en fusión a eso, determinar el ajuste necesario para que cada activo quede registrado a valor de uso.