Es posible planear en incertidumbre

A lo largo del tiempo en el que he escrito esta columna, he tocado en varias ocasiones el tema de la planeación y cómo las crisis e incertidumbre pueden afectar dicho proceso.

La incertidumbre la podemos definir como la falta de certeza, es decir, que no existe seguridad en algo, sea esto referente al conocimiento de la naturaleza de una cosa o un evento. Cuando tenemos certidumbre o certeza, estamos seguros de que algo existe o un evento sucede como consecuencia de otro.

En la década de los años 2000, a raíz de las crisis financieras, los analistas de Wall Street crearon el término “cisne negro” para denominar los eventos financieros inesperados, en referencia al personaje antagonista del cisne blanco Odette en el lago de los cisnes de Tchaikovsky. O sea, un factor que inesperadamente viene a echar a perder la armonía.

A partir de ese momento los economistas se dieron a la tarea de tomar en consideración, en sus modelos de predicción, factores no contemplados previamente para, de alguna manera, prever esos fenómenos.

Ayer me encontré en MSN Noticias un reportaje de BBC News en donde se informa que el Bank for International Settlements, una especie de banco de bancos centrales, publicó el libro El Cisne Verde, una investigación hecha por Patrick Bolton, Morgan Despres, Luiz Pereira da Silva, Frédéric Samama y Romain Svartzma.

Sin entrar en demasiados detalles, de acuerdo con este documento (que dicho sea de paso, no he leído), el t­érmino se refiere al efecto que el cambio climático y los fenómenos naturales imprevistos pueden tener en el sistema financiero internacional. Seamos catastrofistas, moderados o negacionistas del cambio climático, vale la pena considerar dicho estudio, ya que por primera vez este fenómeno es tomado en consideración como algo que puede afectar al sistema financiero global.

Para un empresario pequeño o mediano puede representar que son fenómenos muy lejanos. Sin embargo, si existieran eventos catastróficos, éstos podrían alterar los tipos de cambio de las monedas de los países en los cuales se fabrican o consumen los productos con los que opera, y las tasas de interés sufrirían cambios muy importantes.

Desde el punto de vista de depositante del sistema financiero, dificultades importantes en la recuperación de los préstamos de la banca debido a un desastre natural en un área importante pondrían poner en riesgo los activos depositados.

Todos estos factores, aunque suenan catastróficos, no son imposibles. Solamente hay que recordar en el año 94, el efecto tequila, cómo afectó a todos los países de la zona. A éste siguieron el efecto tango y la crisis inmobiliaria en los Estados Unidos, así como otros eventos que afectaron en mayor o menor medida a las economías relacionadas.

Las administraciones de las entidades, sean estas empresas, entidades de gobierno, ONGs o cualquier otro tipo de organización, tienen que considerar todos estos aspectos, adicionales a aquellos puramente económicos para definir el camino que tomarán a mediano y largo plazos. No quiere decir que planeen que el mundo se va a acabar, sino que deben definir sus actividades en función de los riesgos futuros y la probabilidad de que éstos, sucediendo, afecten a la entidad que están dirigiendo.

Un aumento en la temperatura promedio quiere decir que aumentarán las tormentas en algunas zonas del planeta y en otras las sequías se volverán más intensas. Podría haber inviernos más fríos y veranos más calurosos, y un montón de posibilidades de las cuales los expertos ya nos han hablado. Todo esto puede provocar exceso de algunos productos primarios y escasez de otros.

Hoy en día se vuelve más importante entender la geografía de nuestro entorno y mundial. La geografía económica tiene más relevancia hoy que hace 20 años y la geografía política puede también tener influencia en nuestras decisiones.