El costo de la falta de honestidad y transparencia

Las semanas anteriores hemos hablado sobre diferentes aspectos que afectan a las instituciones e individuos. La semana pasado hablamos del costo de la eficiencia y esta semana quisiera que platicáramos del costo que tiene para las empresas y la sociedad en su conjunto la honestidad y la transparencia, o en su caso la falta de éstas.

La administración de cualquier empresa o institución, tiene un compromiso ético y moral con los miembros de la organización, sus accionistas o dueños, proveedores, prestamistas, o cualquier interesado en las operaciones de la misma.

La honestidad tiene muchas implicaciones, no solamente se refiere a la utilización y administración de los recursos, sino a todas las actividades que llevan a cabo los individuos y la forma en la que interactúan con terceros.

La honestidad de las personas implica que dicen la verdad, que no dicen mentiras a los demás. En el desempeño del trabajo, las personas tienen que llevar a cabo tareas de las cuales dependen otras personas y hacerlas correctamente es una parte esencial de la prestación de un servicio.

Cuando, de manera consciente o inconsciente, las tareas asignadas a una persona no son llevadas a cabo de la manera en la que el receptor de dicha tarea la espera, éste último normalmente quedará decepcionado; además va a carecer de los elementos correctos para hacer sus propias tareas. Sin embargo, si el receptor tiene la idea de que está recibiendo el bien o servicio correcto, sin saberlo, tampoco podrá desarrollar su trabajo como es debido. En este caso la persona que está entregando, está incurriendo en un acto de deshonestidad al no informar apropiadamente de las características del bien o servicio entregado.

Asimismo, cuando conscientemente se está llevando a cabo una tarea que no cumple con las características, la deshonestidad es consciente y por lo tanto el daño que ocasionará será intencional.

Por todo lo anterior, la deshonestidad no solamente se refiere al acto de robar o hacer mal uso de bienes ajenos, también se refiere a incurrir en acciones voluntarias o involuntarias que no cumplen con los requerimientos esperados, sean éticos, morales, de conocimiento o de habilidades y experiencia. El aceptar llevar a cabo una tarea sabiendo que no se tienen los conocimientos o las habilidades o experiencia suficientes para llevarlas a cabo es un acto de deshonestidad.

Cuando se incurren en actos deshonestos como los mencionados, quiere decir que la intención de los servicios o productos a ser entregados no cumplirán con su propósito y por lo tanto representarán recursos desperdiciados y costos tirados a la basura.

El no revelar la información suficiente sobre las actividades y la utilización de los recursos, es una falta de honestidad y por supuesto falta de transparencia. El ocultar el costo de la ineficiencia provoca que no se tomen las medidas correctivas con oportunidad y por lo tanto todo el proyecto, producto o servicio que se pretenda entregar, será un fracaso que no sirva para nada.

Ya sea como miembros de cualquier empresa o institución o como miembros de la sociedad, debemos estar conscientes que el costo de la falta de transparencia y de honestidad, puede hacer que fracasemos como individuos y hagamos fracasar a la institución con la que colaboramos y en consecuencia a la propia sociedad en la que estamos inmersos.