El costo del cambio

Hoy en día vivimos en un entorno de constante evolución y cambio. Las creencias y costumbres que antes se tomaban como hechos inalterables las nuevas generaciones las han echado abajo, creando un ambiente de movimiento constante.

En cuestiones de alimentos, lo que antes tomábamos como alimentación completa algunos grupos están propugnando por un cambio dirigido hacia un consumo de más vegetales y menos carnes. En el ámbito de la moda, las nuevas generaciones deciden su forma de vestir, haciendo que las grandes casas de diseño se vuelvan más reactivas que propositivas. Y por supuesto, en el ámbito tecnológico, el cambio ha sido como un huracán de categoría 5 o un terremoto mayor a 8 grados de la escala de Richter, que modifica de un día a otro la configuración de costas y tierra.

El gran problema es que el cambio se está acelerando y esto provoca que los administradores de empresas tengan que tomar una de tres actitudes: ser provocadores de cambio, ser reactivos al cambio o ser sólo espectadores. El gran problema al ser espectador es que los actores van a avanzar y el espectador se va a quedar sentado viendo como el cambio merma la capacidad de su organización para crecer o mantenerse, como el mar que se va llevando poco a poco la playa hasta que la construcción que está junto a ella queda destruida por la erosión.

Para sobrevivir a los cambios en ambientes comerciales, económicos, legales, fiscales y laborales, las entidades tienen que ajustar desde su visión, misión y objetivos, pasando por las estrategias y terminando por los procedimientos que llevan a cabo. Esto tiene que pasar sea la entidad provocadora del cambio o reactiva a él.

Por ejemplo, en el año 2001, cuando Elon Musk funda la automotriz Tesla, todo el statu quo de la industria se burló de él y sus sueños de crear automóviles eléctricos eficientes. Para el año 2010, las principales armadoras del mundo anunciaron sus proyectos de creación de automóviles eléctricos y para el 2015 salieron los primeros vehículos eléctricos de prueba de esas compañías. Para ese año, Tesla ya estaba establecida como un productor de automóviles eléctricos de nivel de lujo y estaba lanzando su Model 3 como vehículo de volumen en ventas.

Hoy en día, Tesla ya alcanzó entregas de más de 367,000 vehículos y la inauguración de una megaplanta en Shanghái, China, para el mercado asiático, que en días pasados hizo sus primeras entregas a sus clientes en dicho país. Hoy en día Tesla tiene un valor de capitalización de mercado superior a Ford.

Todo lo anterior lo lograron invirtiendo grandes cantidades de dinero que sus inversionistas decidieron apostarle, de tal manera que a mediados del 2018 los analistas dudaban de su éxito. Sin embargo, conservaron la confianza y hoy les está empezando a redituar.

Las entidades, cualquiera que sea su actividad, desde comercial hasta de beneficencia, están sujetas a los efectos que tengan los cambios en los ámbitos en los que desarrollan sus actividades. Estos cambios pueden exigir desde pequeños ajustes a la forma de trabajar hasta cambios en la estructura del negocio.

Todos estos ajustes tendrán un costo que la administración tiene que determinar y comunicar a los accionistas, con objeto de que éstos tomen la decisión de invertir o no en esos cambios con conocimiento de causa y efecto.

En mi experiencia, he visto empresarios dispuestos a apostar al cambio y a otros que no han aceptado que el cambio ya les está afectando.

Lo que todos los empresarios y administradores tienen que entender es que, una vez que las cosas empiezan a no dar los resultados esperados, es hora de hacer cambios rápidos, ya que no podemos esperar resultados diferentes haciendo lo mismo.