Sucesión, la prueba de fuego

Foto: Archivo/El Economista

No permitas que el cambio de director en la empresa llegue de imprevisto a causa de la muerte del dueño

En México, aproximadamente más del 90% de las empresas están bajo el control y propiedad de alguna familia. Precisamente las pequeñas y medianas están conformadas por empresas familiares, mismas que contribuyen al desarrollo económico, social y cultural del país; es ahí donde radica la importancia de que estos negocios logren trascender en el tiempo.

En este caso, la sucesión es la verdadera prueba de fuego para las empresas familiares, así que deben afrontarla con plena conciencia. Por desgracia, muchos empresarios no planifican anticipadamente este momento, tan es así que ni siquiera eligen con tiempo a su sucesor o sucesores.

En el ámbito de las empresas de familia, se habla de sucesión en varios momentos:

  • Por muerte
  • Incapacidad
  • O por el retiro del fundador o de aquellos miembros de la familia que tiene el liderazgo en la empresa.

Las preguntas que el empresario familiar se debe formular son: ¿Por qué preparar la sucesión? y ¿Cuál es el mejor momento para hacerlo?

Sobre lo primero, decía Peter Drucker que “la prueba suprema de la grandeza de un líder empresarial es el acierto con que elige a su sucesor y el saber hacerse a un lado para que sea éste último quien dirija la compañía”. En efecto, una planificación adecuada de la sucesión incrementa la capacidad de la empresa para retener a los miembros de la familia o terceros de mayor talento y proporciona nuevas perspectivas.

Si hablamos del segundo punto, se puede llegar a apreciar cierta resistencia de los propietarios actuales para retirarse del negocio, las razones que se invocan para retrasar la misma son básicamente dos:

  • Por un lado, la poca certeza ante el futuro económico: ¿tendré suficientes recursos para vivir sin preocupaciones?; cuándo yo me vaya ¿qué va a pasar?, ¿cómo voy a vivir?, ¿de quién voy a depender?
  • Y por último, la ausencia del sucesor adecuado que garantice la continuidad del negocio.

La respuesta ha de ser contundente: la planificación de la sucesión debe realizarse cuanto antes, con prudencia, sin precipitaciones, pero cuanto antes, mejor. Así, se evitarán situaciones traumáticas en la familia y, además, se tendrá la tranquilidad de tener cubiertas las contingencias de una desaparición prematura del líder o de una elección desacertada.

La pregunta que surge ahora es, ¿cómo se planea la sucesión? Pues, lamentablemente, no existen fórmulas mágicas; sobretodo porque cada sucesión debe ser un “traje a la medida” para cada empresa, en atención a sus singulares características.

*El autor es Presidente de la Comisión de Asesores de Empresas Familiares del Colegio de Contadores Públicos de México

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CRÉDITO: 
Benjamín Díaz Villanueva*