Programas gubernamentales, remedio casero para pymes

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Recursos fiscales deben estimular la competitividad empresarial

Hace algunos días me encontraba analizando un estudio realizado para el Banco Mundial en 2010, denominado Evaluación de Impacto de los Programas para pyme en América Latina y el Caribe, realizado en cuatro países de nuestro continente, incluyendo a México.

En dicho estudio, los investigadores analizan para el caso de México, los programas gubernamentales de apoyo a las pymes implementados por distintas dependencias durante el periodo comprendido entre 2001 y 2006; destacando que en dicho lapso las autoridades mexicanas invirtieron fuertemente en programas de apoyo a las pequeñas y medianas empresas (pymes), en una cifra cercana, que a decir del citado documento, ronda los 80,000 millones de dólares, abarcando un universo de 3.7 millones de empresas y utilizando para tal fin un inventario de 151 programas que de manera separada, fueron ejecutados por las agencias públicas.

Las conclusiones no se hicieron esperar y, entre otras, señalan que si bien hubo impactos positivos para las empresas que participaron en programas para pymes, esto se tradujo en una variación de aproximadamente 5% en valor agregado y del 6% en empleo, entre otros resultados, los cuales comparados con los fuertes montos de recursos aplicados, hace que la percepción sea de poco impacto.

De igual forma, cito textual, dicen que “México haría bien en diseñar un marco más coherente para orientar los recursos que apuntan a las pymes más eficiente y estratégicamente, y evitar el traslape de programas”.

Y al hablar de la información disponible para hacer estudios comparativos costo/beneficio y medir resultados, argumentaron que “la carencia de información fácilmente disponible sobre los presupuestos de programas, actividades y beneficiarios apunta a la necesidad de una consolidación mejorada de la información sobre las pymes, a fin de mejorar también la capacidad de los responsables de las políticas para realizar evaluaciones y hacer comparaciones a través de programas, y para asegurar que los recursos fiscales escasos del país estén alcanzando el impacto más grande posible”.

Los hechos, como señalé al inicio de la nota, ocurrieron de 2001 a 2006, y espero que en la actualidad, esa fuerte enfermedad que enfrentan un gran número de pequeñas y medianas empresas, traducidas en escaso crecimiento, lento o nulo desarrollo y falta de competitividad internacional, trate de ser solucionada a través del uso de un potente antídoto que haga frente a los fuerte vaivenes del entorno globalizador, que como lo hemos dicho en reiteradas ocasiones ¿no sería mejor si primero creamos clústers o agrupamientos industriales estratégicos y luego les canalizamos apoyos a las empresas para volverlas más competitivas?

En fin, como dijeran por ahí… “esa ya será otra historia”.

*El autor es economista y catedrático de la EBC.

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CRÉDITO: 
Álvaro Vargas Briones