El efecto de las emociones en nuestra conducta de ahorro

Foto: Archivo/El Economista

El nivel de nuestras emociones varía 
inversamente con nuestro conocimiento 
de los hechos. Bertrand Russell

En el pasado de manera intuitiva y más recientemente, con fundamento en investigaciones científicas, siempre hemos sabido que ciertos rasgos de nuestra personalidad y ciertas conductas inciden en nuestras decisiones y hábitos financieros.

En una investigación realizada por el Centro para la Investigación sobre el Retiro del Colegio de Boston, los investigadores Nenkov, MacInnis y Morrin estudiaron dos emociones concretas relacionadas con la noción de esperanza que manifestamos las personas, la esperanza y optimismo, así como su impacto concreto en la participación de personas en sus planes de ahorro para el retiro y en las decisiones de localización de sus recursos orientados a este fin.

La esperanza y el optimismo

En la investigación se distingue la esperanza (hope) como la emoción que nos lleva a desear un resultado positivo, y al optimismo (hopefullness) como la creencia de que dicho resultado positivo es realmente posible.

Para ejemplificar la diferencia, concretamente en el tema del retiro, los investigadores apuntan que esperanza es la emoción mediante la cual se desea que en el futuro se cuente con suficientes recursos para un retiro en condiciones de relativa seguridad, mientras que el optimismo estaría relacionado con la creencia de que existen efectivamente condiciones para que se pueda tener un retiro seguro.

En términos generales se encontró que niveles elevados de esperanza están poco relacionados con comportamientos financieros racionales conseguidos. Mientras que fuertes niveles de optimismo si están relacionados con comportamientos financieramente racionales.

También encontraron que, en condiciones donde las personas tienen elevados niveles de optimismo pero se enfrentan a situaciones en las que se amenaza de manera específica las condiciones que apuntalan su optimismo, se provoca una mayor decisión y participación en planes concretos de retiro.

Otro efecto importante está relacionado con el hecho de que las personas con elevados niveles de esperanza tienden a mostrar niveles más altos de aversión a riesgos financieros.

Aunado a eso, el hecho de que en la planeación financiera de largo plazo (particularmente en el contexto actual de tasas de interés) se requiere una orientación de inversión de mayor riesgo, ello afecta la rentabilidad esperada de sus inversiones en materia de retiro.

La importancia general de los resultados de la investigación, es que existen mecanismos diferentes para inducir o mantener las decisiones tomadas respecto al ahorro patrimonial de largo plazo para el retiro entre personas con diferentes niveles presentes y pasados de esperanza y optimismo.

Entender los perfiles en este sentido cada uno tenemos y que éstos pueden ser cambiantes en el tiempo, puede ayudarnos a obtener una mejor motivación que permita planificar y tomar las mejores decisiones para construir un retiro más favorable para nosotros y nuestras familias.

También abren una oportunidad estratégica para que las instituciones financieras entiendan la importancia de reconocer estas diferencias, meditar estrategias unidimensionales que resulten efectivas para un pequeño grupo de la población, o por genéricas terminan por no contribuir a mejorar las decisiones y acciones concretas de las personas.

El reto de la planeación para el retiro en el presente, y el mayúsculo reto que representará para las nuevas generaciones, hacen indispensable que analicemos todas las vertientes posibles que, con una base real y científica, contribuyan a crear horizontes más prometedores para las personas.

Entendiendo además que el resto del retiro no sólo es un tema estratégico individual sino un tema de importancia fundamental para la economía de los países, particularmente aquellos que, como el nuestro, estarán enfrentando de forma considerable en las siguientes décadas un aceleramiento de sus transformaciones demográficas.

*El autor es politólogo, mercadólogo, especialista en economía conductual y director general de Mexicana de Becas, Fondo de Ahorro Educativo.

Síguelo en Twitter: @martinezsolares.

CRÉDITO: 
Raúl Martínez Solares*