Clusterización y reformas estructurales, llave para crecimiento de las pymes

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Mucho se ha hablado de la problemática que están viviendo las empresas en México, especialmente el segmento que comprende a las pequeñas y medianas o también llamadas pyme, las cuales se caracterizan por ser el motor de generación de empleos en nuestro país, ya que si revisamos a grosso modo las estadísticas desde el año 2009 a la fecha, vemos que de acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI, 2009), en México el universo de micro, pequeñas y medianas empresas ascendía a 5,133,767 entidades, lo que constituye el 99.8% de las empresas existentes en el país, generando en dicho año, el 69% del Producto Interno Bruto.

Si profundizamos en el análisis y nos centramos en otro indicador económico como el nivel de empleo, encontramos que en materia laboral durante el año en cuestión, las pymes participaron con el 73.0% de la generación de empleos, lo que representó un total de 20, 241,007 personas ocupadas en las diferentes ramas y sectores de la actividad económica; beneficiando por consiguiente a un considerable número de familias por la derrama económica que éstas generan.

Si le damos seguimiento a la tendencia anterior, encontramos que esta se mantiene más menos en la misma proporción hasta nuestros días; ocasionando preocupación entre los que nos dedicamos al estudio de las pyme, ya que en un entorno de globalización, este tipo de empresas se ha visto afectado en su crecimiento, desarrollo y competitividad en la mayoría de los casos, lo cual es de consideración debido al peso económico que representan.

Aunado a lo anterior, los efectos colaterales se han traducido a la par, en rezagos no sólo en el terreno de la competencia global, sino en campos relacionados con la revalorización de las compañías, la innovación tecnológica y su aplicación en el diseño de productos y procesos, en la falta de incremento de la rentabilidad económica y financiera, por sólo citar algunas variables.

La solución a dichos males, parecería estar a primera vista en las multicitadas “reformas estructurales” de la economía, las cuales al parecer se plantean como la “medicina que cura todos los males” por los impactos que se espera tendrán en la economía; más sin embargo, desde la perspectiva de nuestro análisis, la cura no está completa, ya que no sólo la solución a la problemática de las pyme se encuentra actuando sobre las variables económicas, o mediante la aplicación de una teoría o medidas de política económica determinada, sino en que el instrumento o herramienta ha utilizar sea más completo, pudiendo abarcar el uso de tanto de medidas de tipo económico emanadas de las teorías económicas en boga como del uso de estrategias o modelos de negocio surgidos del seno de la escuela de la administración; actuando de manera conjunta e implementando de esquemas de clusterización.

Quizá el lector se pregunte a estas alturas ¿qué es un clúster y qué relación tiene con las reformas estructurales de la economía?

Un clúster, término acuñado por Michael Porter, son concentraciones geográficas de empresas interconectadas, suministradores especializados, proveedores de servicios, empresas de sectores afines e instituciones conexas (por ejemplo, universidades, institutos de normalización, asociaciones comerciales) que compiten pero que también cooperan. En su carácter de masas críticas de inusual éxito competitivo en áreas de actividad determinadas, es una actividad característica de todas o casi todas las economías nacionales, regionales e incluso metropolitanas, en especial las de los países más avanzados.

En pocas palabras, los clúster son aglomeraciones industriales de empresas afines, interconectadas entre sí, cooperando y apoyándose mutuamente en ramas y sectores de actividad económica, a fin de lograr el crecimiento, desarrollo y competitividad de los miembros que lo integran. Dichas aglomeraciones, son acompañadas por agentes facilitadores, compuestos por universidades, instituciones financieras, gobierno, etc., a fin de potenciarlas y volverlas más rentables y exitosas.

Casos concretos sobran a nivel mundial, tanto en los países desarrollados como en economías emergentes. En Asía, Europa, América del Norte y América Latina existen los clusters e incluso en México hay indicios incipientes de cierta clusterización informal que no ha sido apoyada del todo e incluso, me atrevería a decir, que en muchos casos no nos hemos percatado de su existencia ni de los efectos que ya han generado en el los espacios territoriales donde se ubican. “No es lo mismo ir sólo que acompañado” y para las empresas la creación de agrupamientos industriales puede ser la puerta de entrada al mundo de la competencia global.

El análisis anterior, nos lleva forzosamente a plantearnos ¿qué pasaría en México si a la par de implementar las reformas estructurales en la economía detonamos de manera conjunta procesos de clusterizacion sectoriales?
Ya lo hemos dicho infinidad de veces a través de artículos escritos en diferentes medios y en diversos foros en los que me ha tocado la suerte de participar: México, requiere procesos de clusterización en su despegue en la ruta del crecimiento pero en fin… es muy probable que la razón algún día el tiempo la de, mientras tanto los demás países siguen avanzando.

El autor es Economista y catedrático de la EBC. Profesor de posgrado en el Campus Dinamarca.

(*Nota del Editor. Por error se dejó el nombre del editor en el crédito del presente artículo, que corresponde al profesor Álvaro Vargas Briones. Ofrecemos una disculpa por los inconvenientes a nuestro colaborador. )

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CRÉDITO: 
Álvaro Vargas Briones*