De vuelta a casa para instaurar el orden

Foto EE: Archivo

Daniela Santos, emprendedora regiomontana, tenía una pasión desde de niña: la creación de postres y chocolates. Egresada de arquitectura, se dedicó a ello profesionalmente; la cocina era un pasatiempo de la temporada navideña en la que se dedicaba a darles gusto a familiares y amigos con la creación de chocolates.

A partir del 2005, el interés por la repostería creció y surgieron los pedidos. En el 2008, su prima le propuso asociarse con ella para iniciar un negocio formal de venta de chocolates. Un año después se disolvió la sociedad y Santos quedó al frente de la empresa. En paralelo, continuó con su despacho de arquitectura y trabajó con ambos negocios hasta el 2012, cuando decidió cerrar el despacho.

“Fue una cuestión de escoger una de las empresas. El despacho requería más de mi tiempo, estaba llegando a un punto en que descuidaba clientes y necesitaba enfocarme en un proyecto”, dijo Santos.

La situación que encontró en Caramela, el negocio de chocolates, no fue sencilla: había dejado sin su supervisión la empresa por casi cuatro años y nunca se imaginó las complicaciones que esto le iba a generar. En septiembre del 2012 decidió que debía organizar e implementar sistemas que le ayudaran a recuperar el control de la empresa. Era el momento de consolidar la estrategia con la misión y determinar los principales objetivos, pero Santos se preguntaba: “¿Cómo debo realizarlo y qué herramienta será la adecuada?”

El estilo de gestión de Santos como emprendedora se distinguió por la creatividad, la innovación y la proactividad en todos sus procesos. Esto le permitía competir eficazmente mediante el lanzamiento constante de nuevos productos.

Fue necesario garantizar que los procesos de producción fueran de calidad, para ello estableció un calendario en la cocina: una parte de la semana se utilizaba para procesos calientes y otros días para productos fríos como el chocolate. También se aprovecharon las habilidades del personal en cada área en específico, resaltando la importancia de factores como la temperatura y la humedad que afectaban la calidad del producto final.

Un proceso de control de los factores críticos que se utilizó en Caramela fueron los focus groups en los que reunía a personas con características y gustos heterogéneos para evaluar el diseño y sabor de las nuevas creaciones. “Un control que he desarrollado en el lanzamiento de nuevos productos lo he fijado basándome en las opiniones de los grupos; de acuerdo a las preferencias es como finalmente escojo los mejores y me da una idea para otras creaciones”, contó.

El equipo de trabajo fue de gran importancia y no se escatimaron esfuerzos en desarrollarlo. Debió implementar un manual básico que incluyó al personal de ventas y al de cocina; el perfil de los vendedores se fue generando con las características de quienes alcanzaban las metas y se basó en conocimiento y gusto por el producto, amabilidad y prudencia.

Tengo que poner especial atención en lo que los clientes quieren, ser los primeros del mercado, llamar siempre la atención mediante el conocimiento de nuestro clientes incorporando factores y características propias de la localidad y del producto”, dijo Santos.

Management

*Verónica Delgado Cortés es egresada de la Maestría en Administración del Tecnológico de Monterrey, Campus Guadalajara.

El Tecnológico de Monterrey y El Economista entregarán un Certificado en Técnicas de Emprendimiento a los lectores que resuelvan una serie de casos de publicación quincenal, de los que este texto forma parte. Consulta las bases en eleconomista.com.mx/especiales/tec-pymes

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CRÉDITO: 
Verónica Delgado Contreras