Y tú, ¿trabajas en una casa de locos?

Foto: Especial

Hipocresía, afán de lucro, egocentrismo y falta de profesionalidad son las características de este tipo de empresas

Cuántos negocios conocemos que parecen ser perfectos: ofrecen buenas condiciones salariales a sus trabajadores, tienen gran participación en el mercado, son serios y respetados y, sin embargo, se ignora lo qué realmente sucede en su interior. Reza el dicho que “las apariencias engañan” y basta con que uno de los integrantes de la compañía se decida a compartir sus experiencias para que la fachada de excelencia de la empresa empiece a derrumbarse.

En Trabajando en una casa de locos, Martin Wehrle desenmascara a las organizaciones que alardean de ser perfectas, excelencia que se ubica simplemente en la fachada, ya que al indagar en su interior emergen procesos que causan estragos y convierten a la organización en una “casa de locos y a todos su colaboradores en desequilibrados mentales”.

Con esta publicación, Wehrle, asesor laboral, pretende brindar a los profesionales las herramientas necesarias que los prevengan de trabajar en empresas tóxicas, que en un futuro pueden terminar con el equilibrio psicológico de los individuos.

¿Cómo saber si tu empresa
 es un manicomio?

A simple vista, es difícil reconocer si una compañía está incluida en este ámbito. Para descubrirlo deben tomarse en cuenta cuatro características esenciales que las delatan:

La primera es la hipocresía. Ésta se suscita cuando la empresa no hace lo que dice y no dice lo que hace, es decir, promete más de lo que puede ofrecer. Estas compañías son expertas en crear una fachada. Lo único impecable es su imagen exterior.

La segunda particularidad es el afán de lucro. “El cliente es para la compañía una fuente de ingresos, el medio ambiente sólo sirve para explotarse, al trabajador sólo se le voltea a ver cuando hay trabajo que hacer”, describe el autor.

El egocentrismo es la número tres. Aquí las compañías se ocupan, sobre todo, de sí mismas, no del mercado. Los empleados están anclados al jefe y el cliente se ubica en el último escalón.

La cuarta característica se refiere a la falta de profesionalidad, lo que regularmente afecta a las pequeñas y medianas empresas (pymes), pues tropiezan con sus propios pies: no hay negocios y los trabajadores pasan el tiempo alegremente tomando decisiones al azar.

El empleado como el jefe...

Sobre el tema de la selección de colaboradores, es necesario especificar que cada empresa tiene su propio método de reclutamiento. Éste regularmente se basa en el perfil profesional del jefe. Así, por ejemplo, si éste es una persona que ha adquirido su experiencia laboral en el extranjero es muy probable que tienda a rechazar a los candidatos que han permanecido un largo periodo en una misma empresa y que han viajado muy poco.

Es como si el lema secreto de muchas casas de loco fuera: “El candidato debe ser exactamente como nosotros”, menciona en el texto el también columnista y colaborador en diversos medios de comunicación.

En este tipo de compañías lo que se busca no son puestos para personas, sino personas para puestos. Esta lógica se asemeja al caso del hospital psiquiátrico que interna a una persona por el simple hecho de haber quedado una cama vacía. No obstante, esto sí sucede.

“La empresa se funda, ante todo, para que personas que trabajan juntas puedan complementarse entre sí, con sus diferentes virtudes y defectos. Es justo esa policromía la que asegura que se combinen las virtudes de cada uno en una fuerza conjunta”, asevera Martín Wehrle.

Si estás cayendo en estas malas prácticas, no dudes que tus trabajadores estén al asecho de una nueva oportunidad para emprender la huída.

¿Por qué perdemos la cabeza?

Una vez firmado el contrato, la condena con la casa de locos comienza. ¿Pero qué es lo que nos lleva a abrocharnos la camisa de fuerza y contribuir para que nos acepten en este lugar?

  • 1. Creer erróneamente. ¿Piensas que actualmente estás en una casa de locos y cualquier otro lugar sería mejor? Pues considéralo dos veces, seguramente estás tan obsesionado por el infierno del que huyes que pasas por alto el infierno que, posiblemente, se halla ante ti.
  • 2. Dejarse deslumbrar por oro falso. La principal falta que cometemos al solicitar un empleo es que estamos tan ocupados en dejar una buena impresión que nos olvidamos de percibir alguna impresión de la empresa.
  • 3. Pasar por alto pequeñas señales. Si bien, a la hora de reclutar, la compañía muestra la mejor de sus caras, siempre habrá señales que revelan su nivel de locura.
  • 4. Dejarse engatusar. Al principio de una relación laboral está el coqueteo, la compañía pone su mejor cara y hace sentir especial al nuevo integrante. El ego del candidato se eleva y cuanto más alto vuelas, más dura es la caída.
  • 5. Creer en la recuperación. Quien se incorpora en una casa de locos como una persona razonable no tiene ninguna garantía de que cuando la deje se encontrará en el mismo estado en que entró. La locura se contagia.
  • 6. Apresurarse a decir sí. Una entrevista de trabajo de aproximadamente una hora y más de una visita a la empresa no significa que la conoces. Investiga sobre la misma, pregunta a la gente que labora ahí.
  • 7. Repetir el error. El que en repetidas ocasiones acaba en el mismo tipo de empresas demente debe preguntarse: “¿Qué me atrae tanto de este tipo de empresas? ¿En qué patrañas caigo una y otra vez? ¿Cómo me las arreglo para acabar siempre en estas instituciones?

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CRÉDITO: 
Zyanya López