Toks lleva la RSE en el ADN

Foto EE: Archivo

Restaurantes Toks es un ejemplo de que la RSE puede formar parte del ADN de la empresa, un ejemplo de que querer es poder y de que los colaboradores se pueden poner la camiseta y defenderla si se sienten a gusto en el lugar en el que trabajan.

Gustavo Pérez Berlanga, director de Responsabilidad Social de Toks, habla sobre los programas enfocados en sus empleados, ya que ellos son clave principal para el buen funcionamiento de la cadena de restaurantes.

Toks tiene alrededor de 12,000 colaboradores y cuenta con la rotación más baja de la industria. De igual forma, la empresa se ubica en el lugar 10 de las mejores empresas para trabajar en México, de acuerdo con Top Company. “Esta situación es muy interesante, porque somos un negocio al que los colaboradores dedican sus fines de semana. Es una industria complicada y con una altísima rotación, en nuestro caso ubicados dentro de las 10 mejores empresas para trabajar, nos indica que algo estamos haciendo a favor de nuestra gente, que se traduce no sólo en servicio para el cliente, sino en bienestar para ellos”, destacó el directivo de Toks.

Programas

En salud, Toks cuenta con el Fondo Verde, donde a través de la venta de residuos, plásticos, papel, tóner de oficinas, aceite vegetal usado de los restaurantes, entre otros, se apoya a los colaboradores con la compra de sillas de ruedas, aparatos auditivos, equipos de rehabilitación para quienes lo necesiten. De igual forma, cada dos años los empleados tienen derecho a renovar sus lentes.

El pilar de voluntariado se lleva a cabo en alianza con la Comisión de Áreas Naturales Protegidas en septiembre. Vale la pena destacar que en el kilómetro 42.5 de la carretera libre México-Cuernavaca, Toks lleva los árboles de Navidad que utilizó en la época decembrina a terapia intensiva, para cuidarlos y rehabilitarlos en conjunto con Pinar de la Cima.

“En cuanto a educación, tenemos varios programas. Los más relevantes son en los que damos la posibilidad a nuestros colaboradores de terminar la primaria, secundaria y prepa gratis, esto en alianza con el INEA. Los empleados que trabajan en Toks ubicados en aeropuertos también tienen cursos de inglés de forma gratuita, lo que incrementa sus propinas y su atención a los comensales extranjeros. Además, tenemos a costo bajísimo, licenciaturas y maestrías con diversas universidades a las cuales puede acceder quien tenga las ganas de superarse”, destacó Gustavo Pérez.

Clave del éxito

Todos nos preguntamos cómo una empresa como Toks puede lograr lo que ha hecho hasta hora. Gustavo comenta que lo primero que hay que hacer es tomar en serio la RSE: “No es algo bonito para poner en el reporte social y ya. Si creemos que nosotros, empresa con fines de lucro, podemos integrar exitosamente iniciativas sociales y ambientales, se construye un mejor México. Cada programa en favor de comunidades indígenas, de colaboradores de la sociedad en general, temas de ecosistemas, al final nos lleva a construir, y eso es bueno para el país, pero también para la empresa”.

Otro factor es entender la problemática, pues en ocasiones en un afán de buena voluntad se manejan soluciones que no son las más adecuadas. “Nosotros buscamos atender a fondo el problema. Ya con un buen planteamiento de sus causas y efectos, podemos dar alternativas de solución para que ese problema se vuelva una fortaleza”, explicó.

Finalmente, el último eslabón es el compromiso de la alta dirección, pues, a decir del director de Responsabilidad Social, son quienes marcan la pauta en las gestiones que se hacen. Por ello ésa es una gran fortaleza. “Este binomio, dueño del balón, jugador del equipo, nos ha funcionado muy bien”, destacó Pérez Berlanga.

Inversión

El directivo de RSE concluyó al dar a conocer que con la compra regular a pequeños productores de miel, mermelada, granola, mole, café, etcétera rebasan 25 millones de pesos en inversión en responsabilidad social, que incluyen la compra de productos y la parte asistencial, así como la parte ambiental, hasta temas de conservación con ecosistemas.

CRÉDITO: 
Viridiana Díaz / El Economista